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Cuando mi cuerpo fue su premio y yo creí que era amor. Tercera parte
Fecha: 26/09/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Shantall16, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Después de aquella tarde, nada volvió a ser igual. No podía sacarlo de la cabeza: su cara, sus manos, el olor que se me quedó pegado en la piel y en la ropa. Iba recargada en el cristal del camión, preguntándome una y otra vez si lo que hice estuvo bien, si debí decir que no… y justo entonces me llegó su mensaje. —Nena, ¿estás bien? —Sí, estoy bien, gracias. —Qué bueno. Sabes, lo de hoy fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Que me dejaras disfrutarte así me volvió loco. Pero… te gustó, ¿verdad? Me puse toda roja, pero le dije la verdad: —Sí, me gustó… solo que no sé si lo hice bien. —Lo hiciste perfecta. Cuando tuve tu culo en mis manos sentí que tocaba lo más hermoso del mundo, es irreal. Me he vuelto adicto a ti. Pero quiero tenerte completa, solo para mí. Que te parece si el viernes vamos a mi casa, ahí nadie nos ve. Te voy a ver de verdad, te voy a tocar entera… y te voy a hacer mujer. Sentí miedo de golpe: —No puedo llegar tan tarde, me van a regañar. —No te preocupes. Escápate un ratito de la escuela y nos vamos. No necesitas traer nada, yo te consigo todo. El viernes sería nuestro día si. Y ggracias por lo de hoy… pero esto apenas empieza. Me quedé pensando: ¿cómo voy a hacerlo? ¿Y si me descubren? ¿Y si no soy lo que él espera? Pero por debajo de todo ese miedo, sentía algo más: ganas, muchas ganas de saber qué se sentiria ser suya. Esos días, cada tarde en la camioneta y cada mensaje, todo giraba en torno al viernes. Me hablaba ...
... de verme sin ropa, de tocarme entera, de que modelara para él. Me preguntó qué ropa interior me gustaba y le conté con confianza: —Me gustan las tangas, los hilos y los de encaje… me hacen sentir linda, y me gusta cómo se sienten, rozando, metiéndose entre mis nalgas. Él sonrió y me dijo bajito: —Entonces te va a encantar cuando yo entre ahí dentro de ti. —¿Cómo así? No entiendo —le dije. Pero no me explicó, solo cambió de tema y me dejó con la duda dando vueltas en la cabeza. Y cuando bajaba de la camioneta, siempre me apretaba las nalgas fuerte, y decia: ya falta poquito, ya casi eres mía. Y cuando dudaba, me hablaba suave: tú mereces esto, solo tú me haces bien, no me falles. Y así, poco a poco, el temor se fue mezclando con el deseo. Esa noche del jueves me escribió temprano: —Shantall, no puedo dormir. Estoy emocionadísimo, por fin mañana estaremos solos y te voy a disfrutar toda. —Yo también estoy nerviosa —le dije. —Jajaja no tengas miedo, te voy a tratar bien, como te mereces. Oye, pero antes… necesitamos definir algo. —¿Qué cosa? —Tu nombre. ¿Cómo quieres que te llame? Le dije sin esconderme: —Cuando me visto uso tres: Adriana, Shantall o Tania. —Uy, qué nombres tan bonitos… pues yo me quedo con Shantall. Así te voy a llamar siempre. Me dio algo suave y cálido en el pecho: por fin alguien me llamaba por ese nombre, me veía de verdad. Las dudas se me fueron un poco más. Y entonces siguió: —Oye Shantall… quiero contarte todo ...