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Madrastra ebria
Fecha: 21/10/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Rayeduardo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Aquí tienes el texto corregido y adaptado para mejorar la fluidez, la ortografía, la puntuación y la estructura narrativa, manteniendo todos los detalles y el hilo de la historia: Me llamo Javier y tengo actualmente 31 años. Cuando era niño, mi papá se divorció de mi mamá y al tiempo se volvió a casar. Compraron una casa y me asignaron una habitación, ya que en ese entonces yo era su único hijo. Con los años, la relación con mi madrastra fue agridulce: me atendía y compartíamos mucho tiempo juntos, pero siempre estaba presente esa sensación de ser el hijo de su esposo y no el suyo; la incómoda impresión de ser un ajeno en su casa. Mi papá era un hombre al que no le gustaba sentirse dominado por ninguna mujer. En su forma de pensar, tenía derecho a salir los fines de semana con sus amigos, ir a tascas y mantener relaciones fuera del matrimonio. Su posición económica se lo permitía, pero ese estilo de vida comenzó a fracturar el matrimonio. Ella también trabajaba, pero su rutina se limitaba a ir a la oficina y regresar; no salía con amigas. De alguna manera, su único apoyo era yo: salíamos a hacer las compras y cocinábamos juntos. Cuando mi papá llegaba, se notaba la incomodidad porque nunca sabíamos de qué humor vendría. Los problemas se acentuaron y mi papá, por decisión propia, empezó a dormir en otra habitación. Para esa época yo ya estaba en la universidad, salía con amigos y entrenaba en el gimnasio. Me iba muy bien con el ejercicio; subía de peso en las cargas con ...
... rapidez y mi cuerpo respondió pronto al estímulo. Me volví más atractivo para las chicas de la universidad, aunque seguía siendo tímido. Surgió una fecha en la que una ahijada de ellos cumpliría 16 años. Mi papá no podía asistir por compromisos laborales, así que nos envió a mi madrastra y a mí en su representación. En ese momento yo tenía 20 años y ella 35. Me puse un traje y la esperé. Cuando salió, llevaba un vestido negro bastante escotado que no requería sujetador, con una falda algo corta que dejaba entrever el tipo de ropa interior que llevaba. Me quedé sorprendido; se veía muy bien. La elogié, tomé las llaves del carro y salimos hacia la fiesta. Al llegar, muchos hombres se le quedaron viendo. Ella comenzó a tomar vino mientras la gente bailaba. Un hombre la invitó a bailar y ella, por cortesía, aceptó. Bailaba muy bien. Al regresar a la mesa tomó más vino. Luego, el mismo hombre la sacó a bailar otra vez; ella, más desinhibida, le hablaba y se reía. Volvió a la mesa y siguió tomando. Noté que el alcohol ya le estaba haciendo efecto y, sabiendo que el hombre volvería cuando pusieran otra buena canción, me anticipé y la saqué a bailar yo mismo. Al principio bailábamos de forma tranquila, pero ella ya estaba algo ebria y, en su entusiasmo, se acercaba mucho a mí. Cuando pusieron un reguetón suave, se puso de espaldas y comenzó a pegarse a mi cuerpo. La tomé por la cintura y podía sentir su ropa interior. Aproveché la multitud de adolescentes bailando a nuestro alrededor ...