1. Sadomasoquismo gay, 2. Empalamiento.


    Fecha: 24/10/2026, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Darvej, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... plenamente despierto, lúcido y en pánico. Sin embargo no podía identificar un punto de origen de tal agonía: La vara de madera era nudosa y dolía en su recto por su textura bruta, áspera y dentada, pero además desgarraba sus entrañas con todo su peso. Ioan la sentía penetrarle profundo, y subir con cada movimiento que hacía. Era tanta la tensión de sus brazos que sin darse cuenta había soltado sus amarras, e instintivamente llevó su mano derecha al vientre. Solo podía pensar en el dolor... hasta que se desmayó. 
    
    Ya era de noche, Ioan temblaba de pies a cabeza. Extrañamente ya no sentía el dolor, sino solo el empuje de la vara, al parecer su mente estaba en un estado de abstracción, o los terminales nerviosos de su cuerpo estaban colapsando. Respiraba con dificultad. De pronto un pensamiento llenó su mente, la idea de que solo entregándose al suplicio podría aligerar su sufrimiento, si lograba morir rápido mediante acelerar voluntariamente su empalamiento. Puso manos a la obra, apretó sus dientes, fruncido el seño, con todas sus fuerzas trató de abrir al máximo sus piernas y doblar sus rodillas, trataba de que la estaca le atravesara de una vez. Y cuando se daba por vencido de súbito, en tres movimientos cual golpes, su cuerpo se deslizó en la estaca. Ahora Ioan tenía sus ojos abiertos y llorosos, apenas podía respirar. La estaca ahora estaba a la altura de su esternón, y cada estremecimiento hacía que subiera más, la sentía en su garganta. Voluntariamente abrió su boca ...
    ... y arqueó su cuello hacia atrás en completa entrega, luego sufrió de arcadas y una súbita asfixia, era la vara aguzada que emergía directamente por su boca. Ioan mantenía sus ojos desorbitados de terror, sus dientes y lengua sentían la madera, la sangre salía de su boca y nariz a borbotones. Cerró los ojos entregándose a la muerte, pero estaba tan equivocado.... De nuevo podía respirar por sus fosas nasales. Vio pasar las estrellas toda la noche, llorando, hasta perder la conciencia.
    
    Despertó, con el sol de mediodía sobre su rostro. La estaca emergía un codo sobre él, pero no siguió bajando, pues era mucho más gruesa en su parte media, hasta las seis pulgadas, quedando así trabada en su ano. Así agonizó por tres días. A ratos, más como un acto reflejo que como un acto consciente, flexionaba una o ambas rodillas, abría o cerraba sus piernas, se convulsionaba o emitía ruidos guturales, como lamentos graves. Un charco de sangre se acumulaba a los pies de la estaca, ya ennegrecido coagulado y gelatinoso. La estaca de madera estaban ennegrecida por la sangre que fluía. Insectos se paraban sobre su cuerpo. Perros lamían la sangre.
    
    Los viajeros y caminantes lo veían, unos con horror, otros con ojos compasivos (pero paralizados de toda acción ante las consecuencias conocidas). Otros, ebrios, dejándose llevar por el fanatismo, sadismo o el morbo, se burlaban de él "disfrútalo como putito", "anda, te gusta no es cierto", soltando sendas carcajadas. Incluso, en un momento pudo ...