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Las Botas de la Madrina
Fecha: 30/06/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Audentes, Fuente: CuentoRelatos
Juan se sorprendió alegremente cuando César y Laura le pidieron que fuese el Padrino de su primer hijo. César y Laura eran amigos muy queridos de Juan y se habían casado hace dos años, con una boda sencilla pero alegre. El trabajo de Juan le impedía verlos muy seguido, especialmente desde que se mudó al otro extremo del país, hace 3 años. Le había costado mucho abandonar el tranquilo ritmo de su pueblo natal, y cambiarlo por el apresurado trajín de una gran ciudad. Por eso le alegró mucho que todavía lo tuviesen en tanta estima como para pedirle que sea el Padrino de su hijo. —¿Y quién será la Madrina? —preguntó. —Juliana –le respondió César. Juliana era la hermanita menor de Laura. La última vez que Juan la había visto fue hace dos años, en el casamiento de César y Laura. La recordaba como una niña regordeta de 13 años, de rostro sombrío y carácter reservado. Durante la fiesta se había mantenido apartada en un rincón, sin hablar prácticamente con nadie. A decir verdad, siempre había sido así. Juan la conocía desde pequeña y nunca le había simpatizado esa niña de mirada cabizbaja. No hablaba mucho y se la pasaba sentada frente al televisor. Juan lamentó que la hubiesen elegido para ser la Madrina del niño, pues no tenía mucho "feeling" con ella. Un mes después, el día del Bautismo, Juan viajó a su pueblo natal y pasó por la casa de César y Laura, para llevarlos en su automóvil a la Iglesia. Cuando llegó la pequeña familia se hallaba elegantemente vestida ...
... y lista para partir. —Y Juliana ¿dónde está? –preguntó Juan. —Va con mis Viejos directo a la Misa –contestó Laura. —¿Misa? –exclamó sorprendido Juan. —Si –le dijo Laura –Antes de la ceremonia del Bautismo hay una Misa; y el Párroco nos puso como única condición para celebrar el Bautismo, que antes asistamos con los Padrinos a la Misa. Juan puteó para sus adentros. Hacía años que no iba a Misa y le aburría enormemente la ceremonia... Ya encontraría algo interesante en que pensar para distraerse mientras discurría la Misa. Llegaron a la Iglesia del Pueblo y en la puerta bajaron Laura y César con el bebé. Ellos entraron en la Iglesia mientras Juan iba a estacionar el auto. Cinco minutos después Juan entró a la Iglesia solo. La Misa había empezado. Decidió sentarse en alguno de los bancos de atrás para estar lo más lejos posible del Cura. Recorrió con la vista las últimas filas de feligreses, y de pronto vio algo que le hizo olvidar el disgusto de tener que ir a Misa. Sentada en la penúltima fila, del lado del pasillo lateral, había una chica de pelo negro con una minifalda blanca como la nieve y un pequeño saquito azul marino ceñido a la cintura. Había encontrado un excelente (y justificado, pensó Juan) motivo para no concentrarse en lo que decía el Cura. Pero lo que hacía a esta chica verdaderamente muy llamativa a los ojos de Juan, era el contraste entre su pequeña minifalda blanca y sus altas botas negras. Se acercó despacio desde atrás y se regodeó en ...