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Las Botas de la Madrina
Fecha: 30/06/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Audentes, Fuente: CuentoRelatos
... la visión de sus piernas, enfundadas en medias de lycra de tonalidad blanca. Su pelo negro, lacio y muy largo, le cubría la mitad izquierda de la cara. Finalmente, Juan llegó hasta su lado. Se inclinó y le dijo en voz baja: —Permiso, me hacés un lugar —con toda la intención de sentarse a su lado. Cual no fue su sorpresa cuando la chica se volvió hacia él, lo miró, le sonrió y le dio un beso en la mejilla, al tiempo que se corría un poco a la derecha para hacerle un lugar en el banco. Había reconocido en su rostro los rasgos de la pequeña Juliana. Fue tan grande su sorpresa que no se le ocurrió nada que decir, sencillamente le sonrió y se sentó a su lado. Por lo visto, se dijo, en los dos años transcurridos desde el casamiento de César y Laura, la pequeña, sombría y regordeta niña se había convertido en una infartante teenager. Era más esbelta que antes y su cuerpo era ya el de una mujer; prueba de ello era como le había atraído a Juan cuando la vio. Pero no era sólo ese el cambio que llamaba su atención; estaba también su atrevida forma de vestir. Jamás se hubiese imaginado que la tímida Julianita usaría minifaldas cuando creciese. Se dio cuenta de lo turbado que estaba. La miró de reojo. El pelo negro caía sobre el lado izquierdo de su rostro y Juan no podía ver bien su cara. Bajó la vista hacia sus piernas. ¡"Qué gambas"!, pensó. ...
... Ahora que estaba tan cerca podía ver claramente la textura de las medias de lycra envolver sus bellas piernas. Se estaba empezando a excitar. En ese momento ella, que tenía las piernas cruzadas (derecha sobre izquierda), le tocó accidentalmente la pierna a Juan con su bota derecha. Lo miró como pidiendo disculpas, descruzó lentamente las piernas y las cruzó hacia el otro lado. Gracias a este movimiento Juan pudo ver un buen pedazo de su muslo izquierdo, y le dieron unas terribles ganas de pasar su mano sobre el y sentir su piel bajo la media. Se preguntó si ella era consciente de lo que provocaba. Más tarde tendría la respuesta. Miró un rato hacia delante, pero no pudo contenerse y volvió a dirigir su vista al muslo de Juliana. Con los pequeños movimientos la minifalda se había levantado un poco más y dejaba a la vista una generosa parte del muslo. Fresco, joven, firme. Juan estaba hipnotizado. Deslizó su vista por las torneadas piernas y llegó a las botas. Eran botas de caña alta, de cuero negro, bien ajustadas a la pierna, rodeándola suavemente. Observó cómo se continuaba la línea de la pierna por la pantorrilla de cuero negro hasta llegar al taco. Su miembro había comenzado a hincharse, por lo que Juan intentó controlarse, y levantó la vista. Al hacerlo se dio cuenta de que Juliana lo estaba observando mientras él la miraba libidinosamente.