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Fernando, semental (Partes 1, 2 y 3)
Fecha: 22/11/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: fatigadouy, Fuente: CuentoRelatos
María y Lorena, amigas de toda la vida, estaban en casa de ésta última hablando tranquilamente, en el salón. En ese momento, entró Fernando, hijo mayor de Lorena. -Hola mami. Hola Lorena. -Hola Fernando. Hacía tiempo que no te veía. ¿Cómo estás? -Muy bien. -Ya lo veo. Fernando se ruborizó un poco. Era un poco tímido y aquella mujer no estaba nada mal. Siempre le había gustado. Más de una vez se había masturbado pensando en ella. -Bu… bueno, me voy, que me esperan los de la panda. Chao mami. Adiós María. -Adiós guapetón. Cuando se iba, María le miró descaradamente el culete. Lorena se dio cuenta. - Lorena, tu hijo está cañón!! No me importaría que me diera un repaso. - María!!! Pero mira que eres salida! Deja a mi niñito es paz - ¿Niñito? Pero si está hecho todo un hombrecito. Tiene... ¿Cuántos, 20? - 19 - Uf!!! Lo que haría yo con un yogurín así. Y no me mires así. Seguro que a ti también te gustaría que un jovencito te sacudiera las telarañas del chichi. - Ey! Que no tengo telarañas en el chichi. - ¿A no? ¿Cuándo fue el último polvo que te echó tu marido? - No me acuerdo - dijo Lorena, tras una pausa. -¿Ves? Seguro que le das al dedo. O con algún juguetito. - Oye. Que no todo gira en torno al sexo. -JA! Eso lo dicen los que no se comen un rosco. -Cambiemos de tema, vale? -Como quieras. A María se le había metido entre ceja y ceja tener algo con Fernando. Estaba muy bien. El conejito le 'aplaudía'. -Uy, que ...
... tarde que es. Me tengo que ir, Lorena. Hasta luego. -¿Pero a dónde vas tan disparada? -Es que... quedé con el técnico de la lavadora. Como no me la arregle me da algo -mintió. Lo que María quería era ver si podía ver a Fernando antes de que se fuera. A lo mejor lo pillaba en la calle. A sus 45 años, María era un poco... ligera de cascos. Lo que su marido ya no le daba se lo buscaba por fuera. Y su próxima víctima sería Fernando. Nunca había estado con uno tan jovencito. -Fernando, Fernando - le gritó cuando lo vio desaparecer por una esquina. El la oyó y se paró. Corriendo, María se acercó. -Menos mal que te pillo. Uf, que carrerita. Se me va a salir el corazón. Te quería pedir un favor. -Eh? Oh, claro, claro. -Eres un sol. Tengo que mover unas cajas en casa. Son pesadas. Seguro que un chico fuerte como tú me podría echar un buena... mano - le dijo, mirándole a los ojos. Otra vez el rubor de sus mejillas. A María le pareció tiernísimo. -Claro, María. -Estupendo. ¿Te puedes pasar esta tarde? -Sí. -Gracias. Recuerdas donde vivo, ¿No? -Ajá. Se despidió de él dándole un beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Fernando sintió aquella piel tan suave y caliente. Si fuese un hombre más lanzado, quizás... Pero no. No era muy lanzado. Lo único que hizo fue admirarla mientras se iba. Miraba aquel precioso culito enfundado en unos vaqueros ajustados. Pero que buena estaba la amiga de su madre. María sabía que la estaría mirando. Sintió ...