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Claudito y su tío Roque
Fecha: 12/12/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
Ya no era un nene, había cumplido dieciocho años, pero todo el mundo lo llamaba Claudito, tal vez por su aire aniñado y rostro infantil, de facciones delicadas, y porque era retraído, tímido y obediente. Claudito había comenzado a sentir deseos homosexuales, en principio por algunos compañeros de la escuela secundaria, después por los hombres en general y, sobre todo, por los caballeros de edad madura como su tío Roque, que con cincuenta años era el hermano mayor de su madre. Una tarde, mientras Claudito preparaba algunos apuntes para su ingreso a la Universidad, su madre lo sorprendió con una noticia: —Claudito, tu tío Roque vendrá a pasar unos días con nosotros. Tiene que hacer algunos trámites en la Capital y por supuesto le ofrecí que se alojara en casa. El jovencito procuró disimular la emoción y preguntó cómo al descuido mientras fingía leer uno de los apuntes: —¿Y el aceptó? —Claro, llegará mañana. —Qué bien, lo recuerdo al tío como un hombre simpático. —Lo es, querido, y cada vez que chateamos me pregunta por vos. —Si chatean hoy mandale saludos míos. —Le mandaré. Claudito ya no pudo concentrarse en los apuntes. Para disimular ante su madre siguió sentado ante ellos, pero sus pensamientos giraban vertiginosamente en torno del tío Roque. Sabía que tenía cincuenta años, cuatro más que su madre, que era soltero y que vivía solo en una ciudad de provincia. Lo había visto hacía dos años, en una visita anterior, y lo recordaba como un ...
... hombre de estatura media, robusto y velludo, según revelaban sus brazos y esa pelambre grisácea que asomaba entre el cuello de la camisa. La evocación lo excitó, tal como se había excitado con ese hombre en la casa, aunque con tiernos dieciséis años no había tenido el suficiente valor para insinuársele, a pesar de que su tío le había echado varias miradas sugestivas. En esa oportunidad la visita había durado tres días y Claudito se había masturbado varias veces en ese corto lapso. “Esta vez me voy a animar”, se prometió y las horas se le hicieron interminables a la espera de la llegada de su tío. Horas signadas por la ansiedad, el deseo y el temor, esto último porque Claudito era virgen y lo agitaba la duda de cuánto dolería una pija entrándole en el culo. De pronto una idea le iluminó la mente y encendió su entusiasmo. Su madre no estaba. Corrió hacia el baño y en el botiquín encontró un envase de desodorante con punta redondeada e inmediatamente después un pote de crema. Con ambos elementos y el corazón brincándole se encerró en su cuarto dispuesto a atravesar el miedo. Tendido de espaldas en la cama flexionó las piernas, separó bien los muslos y untó con crema el orificio anal y el envase de desodorante, mientras un fuerte temblor lo sacudía entero. Con gesto vacilante, aunque indetenible dirigió el pote hacia el objetivo y se estremeció al sentir el contacto en su orificio anal. Vio con los ojos de la mente la desproporción entre el conquistador y el sitio a ...