1. Fiesta en el club


    Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... asistentes. Salimos todos de una vez, algunos mirándose entre sí, otros con cara asustada.
    
    La plataforma era de gran amplitud y estaba elevada tres peldaños sobre las mesas donde se sentaban los asistentes, de manera que podían vernos con claridad. Una serie de focos se dirigía a nosotros. Quedábamos, de esta forma, muy expuestos a las miradas que, ya mismo, se paseaban sobre nosotros.
    
    -Lo que todos esperaban-anunció el presentador. ¡Los esclavos!
    
    Un gran aplauso y varios gritos obscenos recorrió el escenario.
    
    Ahora, esclavos-dijo el presentador, volviéndose a nosotros-pondremos una música, y vais a bailar de forma muy, muy sensual, moviendo vuestros cuerpecitos para agradar a vuestros compradores. Esforzaos mucho, porque si no habrá un castigo. ¡Música!
    
    Una música alta, de corte erótico, comenzó a sonar. Tomada por sorpresa, me quedé parada, sin saber qué hacer. Vi a mis compañeros que empezaban a moverse, y, finalmente, comencé a bailar yo también.
    
    Bailé de la manera más sensual que pude. Me agarré el pelo y lo agité. Contorneé mi trasero, moviéndolo de espaldas para que pudieran seguir el movimiento de mis nalgas. Jugué con las piernas, abriéndolas y cerrándolas varias veces. Empezaba a sentirme cómoda con el baile, olvidando que la situación era muy diferente a la que imaginaba.
    
    De repente, la música paró.
    
    Me quedé quieta, mirando a los demás. Todos los asistentes nos miraban con aire divertido. El silencio dominaba el local, y no sabía qué ...
    ... vendría ahora.
    
    Entonces, una voz habló. Venía del público, y tenía el timbre de una mujer. Pronunció sólo cuatro palabras, pero esa pequeña frase me dejó llena de pánico.
    
    -El uno, fuera camiseta.
    
    Entonces, el chico que llevaba el número uno colgando de su cuello empezó a subirse la camiseta, muy despacio. En cuanto asomaron sus abdominales, la muchedumbre, sobre todo las mujeres, enloqueció. Un momento después, el joven tenía su pecho desnudo, y muchas voces llenas de lujuria le gritaban obscenidades.
    
    Una segunda voz se escuchó en el lugar.
    
    -El ocho, botas fuera.
    
    El chico aludido se descalzó enseguida, lo que agradó mucho a los participantes.
    
    Una tras otra, las voces reclamaban su premio. Entonces comprendí. El espectáculo no consistía en bailar. Consistía en desnudarse delante de un grupo de viejos pervertidos. Me arrepentí al momento de haber acudido a aquel lugar de vicio, pero ya no podía dar marcha atrás. Estaba allí, y debía llegar hasta el final. Sólo deseaba que se olvidaran de mí y nadie me llamara, entretenidos, quizá, con los cuerpos de mis compañeros.
    
    -"A lo mejor-pensé-no nombran a todos".
    
    Pero me equivoqué. Una vez que la música se había detenido, todos los esclavos debían quitarse una prenda, la que les mandaran los compradores. Hasta que no nombraban a todos, no continuaba el baile, por lo que no podía esperar nada bueno de la visita. Esto lo comprendí cuando una voz fatídica, que nunca esperé escuchar, me nombró.
    
    -La cuatro, fuera ...
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