1. Fiesta en el club


    Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... camiseta.
    
    Aquellas palabras me llenaron de terror verdadero. No sólo me estaban viendo un grupo de babosos. Además, me iban a ver a fondo. Quise marcharme y abandonar el lugar, pero no sé si esto habría sido posible. Asumí que sólo quedaba obedecer, esperando que todo acabara rápido.
    
    Lentamente, tan despacio como pude, subí mi camiseta negra y pequeña. Como la tenía muy ajustada, me costaba sacarla, y al pasar por el pecho tiró de él hacia arriba, aunque el sostén impidió que vieran de más. Me la quité del todo, tirándola al suelo.
    
    De inmediato, los pervertidos que me observaban se desataron en una corriente de palabras terribles. Escuché cómo me llamaban puta, zorra, ramera, golfa, y también tía buena, princesa, y alguna cosa delicada. Me puse a mirar a mis compañeros, pero ellos también pasaban por la misma situación. Hombres y mujeres nos miraban y nos dedicaban las más obscenas frases que había escuchado. Pensé que no podía haber algo peor.
    
    Pero lo había. La música sonó de nuevo, y nos mandaron bailar otra vez.
    
    Esta vez ya no me sentía cómoda. Sabía lo que venía luego. Conocía que la segunda prenda se deslizaría por mi cuerpo, dejándolo más expuesto a todos esos babosos. Me sentía cada vez más asustada e incómoda, pero no podía hacer otra cosa que continuar.
    
    Paró la música. De nuevo se escucharon las voces.
    
    A uno de mis compañeros le mandaron quitarse el pantalón. A otro, las botas. A mí también me dijeron que debía descalzarme, lo que hice sin ...
    ... rechistar.
    
    Más música, y más baile para los compradores. En realidad, no entendía por qué se les llamaba así. Sólo nos miraban, y no tenían ningún derecho sobre nosotros.
    
    Paró la música. Curiosamente, las voces se pusieron de acuerdo para coincidir en pantalón o botas. De esta forma, los chicos se quedaron, únicamente, con un diminuto slip negro, mientras que nosotras llevábamos sujetador y tanga.
    
    Bailamos de nuevo. Lo hice avergonzada, casi desnuda, contorneando mi trasero tanto como podía. Sabía que la siguiente parada ya serían palabras mayores.
    
    Cesó la música. Las prendas de los chicos comenzaron a caer. Los jóvenes quedaron completamente desnudos. El presentador les ordenó darse la vuelta para enseñar sus traseros. Aunque resultó muy agradable contemplar aquellos cuerpos magníficos, sabía que mi situación era la misma que la de ellos. Sólo esperaba la llamada fatal que me despojaría de la penúltima prenda. Al menos, esperaba ser la última en hacerlo, pero fui de las primeras en llamar.
    
    -La cuatro, fuera sostén.
    
    La voz, que no llegué a descubrir, había hablado. Quedarme en ropa interior era todavía pasable, pero enseñar las tetas ya me daba mucha vergüenza. Sin embargo, sabía que no podía hacer nada.
    
    Lentamente, tan despacio como pude, desabroché el sostén. Enseguida mis tetas quisieron salir. Entonces, saqué un brazo primero, y luego el otro. Me di la vuelta y lo dejé caer al suelo. Tomé aliento una vez más, antes de exponerme. Por fin, me volví, ...
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