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Mi venganza (4)
Fecha: 21/01/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: AMorboso, Fuente: CuentoRelatos
... lo más despacio que pude controlar. A pesar de ello, gran parte cayó en la bañera como consecuencia de sus arcadas. -No lo desperdicies, que no habrá más en un buen rato. Esa noche la volví a lavar con la goma de la ducha, y al ver cómo llevaba la espalda de verdugones, mandé a Habiba que le diese alguna crema cicatrizante. Más que nada para no estropearla demasiado con vistas a mis pretensiones futuras. Cuando terminó, saqué un collar y cadena comprados en el sex shop se lo puse al cuello y la solté del artilugio. Intentó levantarse, pero no pudo. Llevaba más de 24 horas inmóvil y estaba totalmente entumecida. La saqué de la bañera cogiéndola por el collar y luego la arrastré hasta el dormitorio, donde la dejé tirada en el suelo. Pasado un tiempo, volví para ver cómo estaba y ya se encontraba de pie aunque con mala estabilidad. La llevé a la cocina, donde cenamos, ella por supuesto en el suelo como los perros, Cuando terminó, le limpié la cara y le dije: -Acércate y cómele el coño a mi mujer. Le costó un poco, pero al final se puso a ello. Yo me desplacé y estuve mirando cómo lo hacía. Después de su primer orgasmo, con mi polla a reventar, me acerqué a ella, que intentó girarse. -Sigue comiéndole el coño. No te pares. Me puse detrás de ella y se la metí por el coño. Estaba seca, por lo que tuve que escupir para que entrase más suave. Mis movimientos de entrada y salida empujaban a Carla a moverse a lo largo de la raja de Habiba. Llegamos a ...
... tal sincronización que nos corrimos a la par. Cuando ella empezó a gemir más fuerte y a anunciar su corrida, yo no pude contenerme y llené el coño de leche. Después de limpiármela, le pregunté si tomaba anticonceptivos. No tomaba porque no tenía dinero para comprarlos. Menos mal que tenía alguna píldora de las conocidas como “del día después” y se la di. En días sucesivos no la volví a tocar, pero buscando en Internet, localicé plantas que aumentan la libido en las mujeres, y le dije a Habiba que le diese todos los días varias veces, bien en ensaladas o en infusiones. Tres semanas después nos informaron de que estaba todo preparado en la nueva casa. La empresa de mudanzas trasladó todo lo que nos interesaba y un martes estaba todo listo para ir a vivir. Al poco de llegar a España, hice que Habiba escribiese a sus padres para que supiesen que se encontraba bien y donde estaba. En esos días recibimos una carta de un tío suyo anunciando la muerte de sus padres y que su hermana, que también había sido secuestrada por los militares, fue vendida a un viejo soldado borrachín que la tenía encadenada en casa para que le cocinase y limpiase todo, pero que ahora estaba necesitado de dinero y que la vendía por 50 euros. Pedía que se los enviase para poderla rescatar. Porque ellos eran pobres y no tenían suficiente, sobre todo después de los gastos del entierro de sus padres. Yo inmediatamente estuve dispuesto a enviar el dinero, incluso más, pero Habiba me dijo que no. Su ...