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Mi venganza (4)
Fecha: 21/01/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: AMorboso, Fuente: CuentoRelatos
... tío era un hombre muy libidinoso, Que, si era verdad lo que decía, es fácil que la comprase para prostituirla y desde luego sería por mucho menos de 50 euros, que para ellos era una fortuna. Estuve varios días dándole vueltas. Escribí al oficial, con el que mantenía una muy buena relación y me contestó que podía conseguirla e incluso tenía preparadas siete u ocho mujeres más, Pero que no podía enviármelas, que tendría que ir a por ellas. La embajada tampoco podía hacer nada, a pesar de que, como había creado una empresa con el único fin contratar a Habiba y pagar la seguridad social y una pensión para el futuro, les dije que les enviaba un contrato de trabajo. Pero no hubo manera. Al final, recurrí a El Fajina le conté lo agobiado que estaba porque que vendían a la hermana de Habiba, que el oficial tenía más mujeres para vender, en fin, toda la historia con pelos y señales. El me aconsejó que dejase todo en sus manos y que no me preocupase. Que informase al oficial de que le visitarían de mi parte y que cuando supiese algo, hablaríamos. Una vez solucionado esto, decidí trasladarlos de casa. Con el fin de humillar más a Carla y que no se notase mucho en el vecindario, pensé que nos iríamos el domingo siguiente que suele haber menos gente por la calle. Y eso hicimos. Temprano por la mañana, esposé las manos de Carla a la espalda, le puse la correa y bajamos a la calle, donde estaba aparcado mi coche. El día anterior, sábado, me había llamado El Fajina para ...
... hablar y le invité a venir a mi nueva casa para que la conociese, a la vez de que podíamos hablar más tranquilamente mientras cenábamos. Tal y como pensé, esa mañana no había nadie por la calle. Ese barrio no suele madrugar. La hice permanecer fuera mientras acomodaba mi artilugio y algunas bolsas en el asiento trasero, moviéndose nerviosa y mirando a todas partes, luego abrí el maletero y le di orden de entrar. Dudó, pero lo hizo sin decir nada. Cerré, nos subimos nosotros también y partimos. Al llegar, entramos directamente a nuestro garaje, con capacidad para dos coches y un espacio multiusos, con desagüe para lavacoches, lavadora, secadora y una poza para lavar vajilla u otras cosas cuando al principio organizábamos cenas y barbacoas en el jardín. Ahora este espacio había quedado separado por unos paneles de madera, convirtiéndose en una habitación aislada, donde metí a Carla tras sacarla del maletero, En el techo había mandado colocar varias poleas en distintos lugares, con sus correspondientes cuerdas colgantes. Até una de las cuerdas a las esposas y tiré de ella hasta que quedó doblada hacia delante, con los brazos estirados hacia arriba. Até el otro extremo, salimos de allí y entramos en la casa. A media tarde oímos ruidos en la puerta y enseguida el timbre de llamada. Fui a ver quién era, y mientras abría pude oír: -¡Joder, ya era hora! Llevo dos días viniendo y no hay nadie. ¿Dónde coño te has met...? ¿Qué haces tú aquí? Era Jorge. -Hola Jorge. ...