1. Confesiones de un putito


    Fecha: 02/02/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    Me llamo Jorge y soy un chico de cabello castaño y rizado, ojos oscuros y un cuerpo delgadito pero con algunas curvas sugerentes, cintura muy fina, piernas largas, de muslos bien torneados y un culo empinado, redondito y carnoso.
    
    Vivo con papá y mamá y desde hace unos días, luego de terminada la preparatoria, trabajo en un estudio contable donde lamentablemente mis tres compañeros son jóvenes y la dueña es una mujer. Ninguna posibilidad por ese lado. A veces visitan el estudio hombres maduros, pero se encierran en la oficina de la dueña y luego se retiran lanzando al aire un saludo despersonalizado.
    
    Yo vengo sintiendo cada vez más ganas de perder mi virginidad y ser usado sexualmente por algún madurón o un vejete. Estoy decidido a convertir mis fantasías en realidades y entonces, cuando voy por la calle miro descaradamente a esos hombres que despiertan mi morbo, con la esperanza de algún ligue. Me da vergüenza admitirlo, pero no puedo negar que soy cada vez más gay y que mi necesidad de vergas aumenta día a día.
    
    ……………..
    
    ¡Ay, por fin! Esta mañana, en el subte camino a mi trabajo, pasó lo que voy a contarles.
    
    Faltaban dos estaciones para bajarme cuando sentí a alguien pegado a mi espalda, o mejor dicho a mis nalgas. Me di cuenta que era una pija eso que se apretaba y refregaba contra ellas, de un cachete al otro y a veces en el medio de ambos. Giré un poco la cabeza y por el rabillo del ojo vi que se trata de un viejo canoso y de rostro enjuto. Ese frotamiento no ...
    ... tardó en excitarme y entonces hubo un clik dentro de mí y supe que había llegado la hora, que no quería dejar pasar la oportunidad que me proponía el azar al ponerme a ese viejo degenerado en mi camino.
    
    Empecé entonces a mover mis nalgas al ritmo que esa pija dictaba y tuve que controlar los jadeos que pugnaban por brotar de mi boca mientras, para evitarlo, respiraba dificultosamente por la nariz.
    
    Yo vestía una camisa ajustada, de manga corta, y un jean muy ceñido también y de pronto, cuando alcé mis brazos para tomarme de dos pasamanos, sentí, para mi turbada sorpresa, que los labios del vejete se aplastaban contra mi brazo derecho.
    
    Ahí ya no pude contenerme y se me escapó un gemido. El desconocido rió por lo bajo entre dientes y me dijo al oído: -Nos bajamos en la próxima, nene. Andá para la puerta.
    
    Obedecí, bajamos y ya en el andén pude observarlo bien mientras él, que caminaba a mi derecha, me llevaba tomado de un brazo. Era un hombre de unos 70 años, de cabello gris y elegantemente vestido de traje y corbata.
    
    -Hoy es mi día de suerte. –me dijo mientras subíamos la escalera hacia la calle. –Mirá que encontrarme con un chico tan lindo.
    
    -¿Adónde vamos? –le pregunté.
    
    -A mi casa. Vivo solo. Vamos a estar tranquilo. ¿Cómo te llamás?
    
    -Jorge, señor…
    
    -¿Jorgelina dijiste?, lindo nombre.
    
    -No… Jor… Jorge, señor, soy varón… -alegué poniéndome colorado. Pero él insistió: -Sí, sí, sí, es muy lindo nombre Jorgelina, muy apropiado para una zorrita como vos. ...
«123»