1. Fin de semana especial 4


    Fecha: 05/03/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: kimbocat, Fuente: SexoSinTabues

    ... algunas de los pinchos aún se hunden más en tu piel, lloras, gimes, mientras me miras suplicando. Junto a ti, aterrada, arrodillada, babeando con la madera encastada en su boca está Luisa, la tranquilizo un poco, ella va a estar mucho más cómoda que tú, le ordeno que te clave el palo, ella me mira, es muy grueso, rugoso y con algún que otro nudo que sobresale de él. Tú sin decir nada aprietas los puños, tensas todos tus músculos y esperas, tiro del palo y lo arranco de su boca, luego lo mojo en la baba que llena sus mejillas, sus labios y sus pechos, y le digo que ahora entrará mejor. Se acerca a ti, y lo va entrando lentamente, gimes, tiemblas, mientras aquella tranca va rascando cada rincón de tu vagina, ella va moviéndolo poco a poco, pero un azote en su culo hace que se apresure, al final con lágrimas en los ojos me mira, y dice que ya está, queda un buen trozo en el exterior y tu ensartada y con tu piel saeteada a pinchazo no dejas de llorar, una bofetada a Luisa hace que me mire con atención, le digo que todo lo que no entre en ti, entrará en ella, este palo es para las dos, con los ojos rojos, sus mejillas llenas de lágrimas, temblando a cada nuevo chillido de tus labios, va entrando más y más la madera dentro de ti, aproximadamente la mitad está dentro de tu coño, ahora es su turno, ella se arrodilla sobre ti, y va clavándose la vara, entre sollozos y gritos, al final apenas si quedan 7 u 8 centímetros entre las dos. Le ordeno que te tumbes sobre ti, con cuidado va ...
    ... dejándose caer, cada movimiento, cada pequeño vaivén es un grito de dolor de tus labios, son más espinas clavándose en tu piel, y más tensión en tu coño por culpa de esta madera encastada en ti. Notas los pechos de Luisa aplastarse en los tuyos, sientes sus piernas, sus brazos en los tuyos, su rostro ensuciarse con los restos de pizza, lágrimas y mocos que embadurnan tu cara. Una vez colocada, tiro de ella, tenso aún más sus extremidades para encadenarla a las mismas argollas dónde estás tú. Notas como se aplasta todavía más contra tu cuerpo, el suelo se clava en toda tu piel, ella llora mientras lame tu cara, mientras te pide perdón por haberte llenado el bebedero con algo más que orina, tu no dejas de gemir, de gruñir, aplastada por ella, ensartada por mil espinas a las que estás pegada. Todavía estáis un poco separadas, así que piso con fuerza el culo de Luisa, hasta que la madera penetra por completo en vosotras, las dos lloráis, suplicáis, rogáis que no os deje aquí, solas y encadenadas, a la vista de cualquiera que pase por la carretera, y os digo que tranquilas, que ya lo tengo previsto… con una azada que deje allí cerca, arranco otras matas de zarzas, y os las voy tirando por encima, hasta cubriros por completo, ahora es Luisa quien aúlla de dolor cada vez que aprieto estas zarzas que se clavan en su piel. Y antes de irme os digo que, si no os movéis mucho, cuando se haga de día, nadie que pase por la carretera os verá, nadie se dará cuenta de que bajo estos zarzales ...
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