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La esposa de mi mejor amigo
Fecha: 06/04/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: sensurado75, Fuente: CuentoRelatos
... por el culo a la necesitada esposa de mi amigo, ella me correspondía cada movimiento y literalmente se revolcaba de placer debajo mío. Fue una sensación indescriptible, era muy calientico y apretadito, era el culo de la esposa de mi amigo, esa mujer que yo tanto respetaba y admiraba, esa ama de casa entregada y abnegada a su esposo y a su pequeña hija, esa mujer que tenía una tremenda habilidad para dilatar su ano para mi quien me pedía cada vez más. Mientras su cara roja, sus rasguños en mi espalda y sus gritos y gemidos intensos me daban a entender que estaba teniendo tremendo orgasmo, yo aumente el ritmo de mis envestidas y como hacía mucho tiempo no lo sentía, me deje llevar por el desahogo del deseo y por el pensamiento perverso de que muy pronto le iba a llenar de semen el culo de la esposa de mi mejor amigo, y al intenso orgasmo de dianita yo me uní eyaculando abundantemente en su conducto anal. Yo sentía que no podía dejar de eyacular en su cola mientras que ella me decía “que rico se siente, que rico se siente”. Yo no había eyaculado así desde hacía ...
... mucho tiempo y menos en la cola de alguna mujer y jamás pensé que fuera a ser la cola de la esposa de mi amigo quien mientras estaba en un viaje de negocios ignoraba que su amada esposa había planeado todo para darme culito esa noche. Lentamente me salí de la cola de Dianita quien se quedó acostada al lado mío el resto de la noche, abrazada como si lleváramos años de relación y quien después se quedó dormida profundamente en mi pecho. Pocas horas después, como a las 6 de la mañana me levanté, y le dije: —me tengo que ir porque mi mujer me espera para el desayuno con sus papás. Ella se levantó y paso a mi lado desnuda sin ningún pudor mientras me decía: —Antes de ir con tu esposa, date un duchazo si quieres. Así que me bañe, me alisté y salí corriendo para encontrarme con mi esposa como a las 8 de la mañana para preparar el desayuno de sus papás. A la semana siguiente mi amigo Wilmer me llamo para preguntarme en donde había pasado la noche, para disculparse por no haberme avisado lo de su viaje y por no haberme dejado las llaves de su apartamento.