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Confesiones de un putito (2)
Fecha: 09/04/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
-Lamé, Jorgelina, además de chuparla lamela un poco y quiero tu lengua de putita en mis huevos también… ¡Vamos! Las órdenes eran muy claras y me encantó obedecerlas. Estuve lamiendo la verga en toda su extensión y los huevos hermosamente hinchados hasta que llegó otra orden: -Ahora volvé a mamar, Jorgelina… -Sí, señor Abel… -murmuré excitadísimo y deseando ansiosamente que por fin soltara la leche. Y la soltó poco después. Fueron tres chorros abundantes y calientes que inundaron mi boca de putita sedienta. Tragué toda esa deliciosa lechita hasta la última gota mientras él respiraba agitadamente, gemía y por momentos me elogiaba: -Qué buena mamona sos, Jorgelina… Qué buena putita… Cuando terminé de tomar toda la leche le agradecí y él me dijo: -Esto recién empieza y se va a poner muy caliente, putita… -¡¿Más caliente todavía?! –pregunté entre divertido y excitado. -La próxima vez te vas a llevar una sorpresa… -me dijo. -Ay, por favor, cuénteme, señor Abel… -le pedí intrigado mientras él se reponía echado de espaldas en la cama. Pero él se limitó a reír: -No, putita, si te contara no sería una sorpresa. No tuve más remedio que reconocer que tenía razón y pasé dos días sin pensar en otra cosa que en esa sorpresa y masturbándome varias veces. Ese primer encuentro había sido un martes y me llamó el jueves a la noche a mi móvil. Habíamos terminado de cenar y después de una sobremesa de charla con papá y mamá yo estaba en mi cuarto mirando en la ...
... computadora fotos de viejos muy bien dotados. -¿Qué estabas haciendo, Jorgelina? –me preguntó y se lo conté con un ronroneo. Me calentaba sobremanera ese tratamiento en femenino que me daba. -Esos señores me estaban haciendo pensar en usted, señor Abel… -continué ronroneando. -Me estás haciendo parar la verga, putita… -Ay, que lindo... Qué pena no estar ahí para tragarla… -me lamenté y entonces él me dijo: -Vas a tragarla mañana, Jorgelina. Te espero cuando salgas del trabajo y vamos a tener para largo, así que inventá alguna excusa para tus papis. -Como usted quiera, señor Abel… ¿Va a haber una sorpresa como usted me había dicho? Escuché su risita y me dijo: -Claro, putita… ¡Una buena sorpresa!... Yo les había dicho a papa y mamá que ese viernes iba a cenar afuera con un amigo y que volvería tarde, de manera que estaba libre para disfrutar de la sorpresa del señor Abel. Llegué a su casa a las ocho de la noche y él bajó a franquearme la puerta del edificio. Una vez en el hall de entrada me saludó descaradamente con un beso en los labios y sus manos aferrando mis nalgas, sin importarle que alguien pudiera vernos. El saludo me sofocó y me dejó calentito para lo que se vendría y yo hasta ese momento ignoraba. Llegamos al apartamento y una vez en el living me encontré con “la sorpresa”: un hombre de la misma edad que el señor Abel, aproximadamente, sentado en un sofá y vestido con traje y corbata. -Bueno, Orlando, aquí está la putita. –dijo el señor Abel y ...