1. Confesiones de un putito (2)


    Fecha: 09/04/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... el visitante avanzó hacia nosotros, vino. Era gordo, calvo y de estatura media.
    
    Che, Abel, es más linda de lo que imaginé. –juzgó mientras me pellizcaba las mejillas.
    
    -Agradecele el halago, putita. –me ordenó el señor Abel Por supuesto agradecí y las manos del señor Orlando pasaron de mis mejillas a mis nalgas, haciéndome gemir de placer.
    
    -Mmmmmhhhh, parece que está caliente la putita… -dijo dirigiéndose al señor Abel, que agregó: -Es muy calentona, vive hambrienta de pijas.
    
    -¡Pues vamos a darle pija ya mismo! –se entusiasmó el señor Orlando y me ordenó desnudarme. Lo hice con manos temblorosas, por la calentura que sentía y las ganas ansiosas de gozar de dos vergas.
    
    Ellos se desvistieron también y ya los tres desnudos me llevaron al dormitorio.
    
    -A éstas me gusta cogerlas teniéndolas en cuatro patas. –dijo el señor Orlando una vez allí.
    
    -Perfecto, si son perritas… -coincidió el señor Abel y me ordenó trepar a la cama y que me pusiera como había dicho el señor Orlando. Obedecí estremecido y con la piel erizada ...
    ... de pies a cabeza, respirando agitadamente por la boca y sin poder apartar mis ojos de esas vergas que iba a comerme.
    
    -Vos empezás, Orlando, gentileza de la casa, jejeje… -dijo el señor Abel.
    
    -Pero no, che, démosle los dos juntos. Eso sí, dejame el culo y vos usale el hocico. Después cambiamos, yo tengo resto, ¿y vos?
    
    -¡También! –se ufanó el señor Abel y le extendió a su amigo el pote de vaselina que sacó del cajón de la mesita de noche. El señor Orlando se arrodilló ante mí, me dio el pote y me ordenó que le untara la verga. Casi muero de emoción cuando me puse a untarle con la vaselina esa verga ya bien erecta y dura.
    
    -Bueno, ya está, putita. –dijo y volvió a ubicarse detrás de mí mientras yo desfallecía de ganas. Sentí las manos del señor Orlando sobándome las nalgas y vi, a centímetros de mi rostro, la verga enhiesta del señor Abel, que me dijo: -Abrí el hocico, putita… -y claro que lo abrí para engullir ese manjar al mismo tiempo que sentía el glande de la otra verga pugnando por entrar en mi culo.
    
    (continuará) 
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