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Mi compañero de trabajo
Fecha: 11/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Jullietta, Fuente: CuentoRelatos
Trabajamos juntos. Y te tengo loco. Siempre estás ahí, sentado enfrente. Te puedo ver a todas horas, y adivino que tu cabeza siempre está pensando en mí. Y yo en ti. Me das morbo. Me desnudas con la vista, pasas tus dedos por todo tu cuerpo, veo como se eriza tu piel. Me imagino cómo me recorres, me excitas, y cuando vuelvo a la realidad, parece como si tú no lo supieras. Me sonríes con una mirada que no se si calificar de pícara o de inocente. Vuelvo a empezar con esos cruces de piernas, con esos andares sinuosos por delante de tu mesa, me apoyo en ella y, con cualquier pretexto inicio una conversación, con el único propósito claro de que mi cuerpo quede inclinado ante ti, para que mi generoso escote deje ver mis atributos internos a ver si te obsesionan. Hoy mi situación es extrema. Llevo una mini tejana, una de mis prendas más obsesivas. Mi mesa no tiene frontal, y mis cruces de piernas con esa ropa son mucho más generosos para dejar ver mis interiores. Con cada movimiento, imagino que alcanzas a ver la fila tela blanca que a duras penas cubre mi sexo. Tu mirada de reojo, desde abajo, se clava en mí con fuerza, penetrante, mientras tus labios dibujaban una sonrisa maliciosa. Uffff que mañana. Decides levantarte e ir a tomar un café al office. Te veo nervioso. Estoy segura que te he puesto caliente. Estás de cara a la máquina, de espaldas a mí, con el vaso humeante muy cerca de tus labios. Me acerco por detrás y te susurro en la oreja, ...
... mientras me clavo a ti para que sientas mis pechos turgentes rozarte en la espalda. -¿Me invitas? Empiezo fuerte. Estoy muy cerca, y me muevo sinuosamente, rozándote todo. Tu voz, trémula y nerviosa, apenas acierta a soltar un -“claro, como no”- mientras pones una nueva moneda en la máquina. De espaldas a mí, el fuego de mi mirada te quema el cuello, no te atreves a girarte. No hace falta. Mis manos ya están abrazando tu cintura. Mi boca junto a tu oreja, susurra: -“lo quiero muy calentito, cielo, necesito entrar en calor, ¿puedes?” Ya está bien de esperas, esto no puede seguir así. Por fin te giras y el café que tienes en tu mano, cae al suelo. Me atraes hacia ti, mi boca encuentra la tuya, me aprietas con fuerza, nuestras lenguas se buscan, e inician un baile desenfrenado, dándose rígidos toques, para acabar chupándose mutuamente. Empieza la locura, me palpas los senos, yo te hurgo en tu entrepierna, por encima del pantalón. Es evidente que tu erección está muy pronunciada, y ello enervaba aún más mi deseo y el fuego de mi pasión. Hay que pensar rápido, la ocasión no puede perderse. Existe el peligro de que alguien entre y se acabe el tema, ¿qué hacer? -“Vamos al lavabo”- te digo con decisión. Hay que ver como conservo la calma en esos momentos, en los que los hombres se pierden en un mar de dudas y de calor. Soy calculadora, Sé lo que quiero y soy plenamente consciente de ello. Nos metemos en el lavabo de las damas. Y empieza un desenfrenado sacar de ...