1. Matilda, guerrero del espacio (capitulo 26)


    Fecha: 22/05/2020, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos

    ... antes, por eso me he vestido así, yo sé que a ella le gusta, —y con los ojos brillantes, añadió—. Yo… creo… que no podría vivir sin ella.
    
    —Entonces todo saldrá bien, —dijo la Princesa abrazándola—. Ante todo no muestres temor…
    
    —No tengo miedo, Súm, solo quiero estar con ella.
    
    —Pues entonces no perdamos más el tiempo, —añadió la reverenda madre con una sonrisa. Abrió una pesada puerta que daba paso a un jardín interior de meditación y Ushlas accedió a él.
    
    Matilda estaba sentada sobre un tálamo de piedra en posición de meditación. Vestía una larga tunica negra, semitransparente, que adivinaba sus curvas. Se acercó a ella por detrás y suavemente la toco en el hombro. Matilda la miro y bajo la vista en un atisbo de vergüenza.
    
    —¿Ya no me quieres mirar? —dijo Ushlas levantándola la barbilla con una sonrisa.
    
    —Yo nunca me cansaré de mirarte, mi amor, pero me da miedo que no puedas perdonarme…
    
    —No tengo nada que perdonarte, solo quiero que me beses como tú me besas.
    
    —Pero te hice mucho daño, y eso no me lo perdonaré mientras viva.
    
    —Estabas enferma Mati. Lo que no debes volver a hacer, es encerrarte en ti misma cuando te comas el coco. La reverenda madre, la Princesa, tu hermano y yo, estamos para apoyarte.
    
    —Si, lo sé. ¿Cómo te encuentras?
    
    —Bueno, por el momento no puedo reírme mucho, —contestó sonriendo ampliamente y mostrando el hueco entre sus dientes, lo que provocó una mueca de dolor en Matilda—. Y la cola no es lo que era, pero lo será. Solo es ...
    ... cuestión de tiempo.
    
    Matilda acarició con la yema de los dedos los labios de Ushlas, mientras dos lágrimas corrían por sus mejillas. Sujetó sus mejillas con sus manos y la beso en los labios. Se abrazaron metiendo Ushlas sus manos por debajo de la tunica hasta alcanzar sus pechos.
    
    —Sigues teniendo las manos frías mi amor, —se quejó Matilda sonriendo—. Pero me da igual.
    
    —Las monjas te han tratado bien, te noto los músculos más definidos.
    
    —Estoy hasta las narices de estar aquí sin ti.
    
    —Pues nos escapamos, así te puedo meter mano con más tranquilidad, —dijo Ushlas sin parar de sonreír.
    
    —Me encantaría mi amor, pero no quiero salir hasta que me autorice la reverenda madre.
    
    —Está ahí fuera, con tu hermano y Súm. ¿La llamo y lo hablamos?
    
    —No sé nena, me da miedo.
    
    —Venga Mati, lo tienes que hacer, así podré cuidarte yo personalmente, y amarte, y quererte como te quiero.
    
    —Bueno vale, —dijo Matilda—. Pero hacemos lo que ella diga.
    
    —Como diga que no, la ahogo, te lo prometo.
    
    —Anda, no seas boba, —exclamó Matilda mientras veía como Ushlas se dirigía a la puerta. Observo su trasero, y sus estilizadas piernas elevadas sobre los taconazos—. Estás preciosa mi amor.
    
    —Lo sé, y lo estoy para ti, —abrió la puerta y habló con los de fuera. Todos entraron, y rápidamente, Matilda extendió sus brazos hacia su hermano que la abrazó con ternura mientras la besaba. Después, su puesto lo ocupó la Princesa Súm.
    
    —Reverenda madre, quiero llevarme a Matilda al Tharsis, ...
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