1. Matilda, guerrero del espacio (capitulo 26)


    Fecha: 22/05/2020, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos

    ... pero queremos su autorización.
    
    La abadesa se acercó a Matilda, y sujetándola la cara cariñosamente con ambas manos, colocó su frente contra la suya.
    
    —La tenéis, —contestó con una sonrisa mientras la colocaba el flequillo con cariño—. Pero nada de mandos, nada de responsabilidades, ni de batallas. Mucho ejercicio y mucha tranquilidad. Practicaras meditación profunda con tus doncellas todos los días. Ellas se trasladaran al Tharsis hasta que decida lo contrario. Dedícate a escuchar esa infernal música terráquea que tanto te gusta, y a amar a tu amor.
    
    —¿Durante cuánto tiempo, reverenda madre? —preguntó Ushlas.
    
    —Un mes mínimo, y no quiero que tenga contacto con Eskaldár. Guarda la espada en lugar seguro, —respondió mirando a Ushlas—. Y si no quiere verme mientras tanto, en un mes la quiero aquí como un clavo, Aunque tengas que traerla atada.
    
    —Cómo no voy a querer verla reverenda madre.
    
    —Ves, no has tenido que ahogarme, —dijo la abadesa mirando a Ushlas.
    
    —¡Eh! No está bien escuchar tras las puertas… ni leer en las mentes de los demás, —exclamó Ushlas frunciendo el ceño. Todos rieron distendidamente ante su cara enfurruñada.
    
    —Y otra cosa, —añadió la reverenda madre dirigiéndose a Neerlhix—. No te quiero ver cerca de las doncellas de tu hermana. Nos gustaría que siguieran siéndolo.
    
    —¡Joder reverenda! ¿cómo puede pensar eso…?
    
    —Porque nos conocemos hace muchos años, Neerlhix. Muchos años, no lo olvides.
    
    El regreso de Matilda al Tharsis fue bastante ...
    ... tranquilo en general. Ushlas, a través de Moxi, había dado instrucciones precisas para que todo se desarrollara con naturalidad, sin agobios. Todos cumplieron las instrucciones, salvo la efusiva Camaxtli, que la estuvo achuchando un buen rato con sus cuatro brazos mientras las dos lloraban a moco tendido. Claro, que eso en Camaxtli, es lo natural.
    
    Tal y como ordenó la reverenda madre, todos los días, Matilda meditaba con sus doncellas. Ellas la ayudaban a eliminar las pequeñas tensiones que iban apareciendo. Después entrenaba con la infantería y a continuación se machacaba en el gimnasio de la nave.
    
    La primera noche fue crucial. Cuando por fin estuvieron solas en el camarote, Ushlas no la permitió que se comiera el coco. La desnudo y se tumbó con ella sobre la cama mientras la besaba con pasión, y estuvieron mucho tiempo. Ushlas se giró, y abrazándola por la cintura comenzó a chuparla la vagina.
    
    —Mi amor, —dijo escupiendo unos pocos pelillos— ¿ya no te afeitas?
    
    —Es que en el monasterio no hay nada para hacerlo, las sacerdotisas no se depilan.
    
    —¡Joder!, pues a mí, las barbas, sabes que no me gustan, —salio de la cama y regreso rápidamente con los utensilios necesarios para eliminar los molestos pelitos. Colocó una toalla bajo su trasero. la separo las piernas, y la fue pasando lentamente la afeitadora láser por toda la vagina.
    
    —¡Anda! Mira lo que aparece por aquí, —exclamó Ushlas limpiando los restos de pelillos con la toalla—. Mañana te daré un repaso por las ...