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Las carnosas tetazas de mi suegra
Fecha: 11/06/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: Coque59, Fuente: CuentoRelatos
... carnosidad en mi mano izquierda -la suegra no decía nada- pasé a refregar el trapecio izquierdo con la misma mano derecha y disimulando el movimiento de mi mano izquierda con un cambio de posición de todo mi cuerpo, hice una ligera presión para introducir la mano entre su seno y el lecho, apreté suavemente la tetaza que había alcanzado y ya era imposible no darse cuenta que la estaba manoseando a mi antojo -la suegra continuaba sin decir nada-, los dos estábamos sudando y mi mano izquierda mucho más que todo el resto de mi cuerpo, la teta aprisionada también sudaba, todo aumentado por el calor reinante de la época del verano, aun así los dos nos comportábamos como si nada pasaba, ya éramos cómplices. Estaba embelesado con la teta conquistada, su tamaño, su carnosidad, su tibieza, el sudor que escurría entre las superficies en contacto de la teta con mi mano, toda una delicia que no quería que terminara, pero podía echarlo a perder si me mostraba demasiado atrevido, de esa manera tuve que soltarla -con todo el dolor de mi alma- y cambiando de posición, me senté en el costado contrario de la cama con la firme intención de repetir el avance logrado cambiando de manos y de teta, la mano izquierda refregaría los trapecios y la mano derecha conquistaría la teta derecha, esta vez fui menos tímido y rápidamente alcancé mi objetivo, todo el proceso lo repetí con el cómplice silencio de mi suegra, apreté con más ansiedad la carnosidad voluminosa y mi picha estaba dura a más no ...
... poder, no sé cuánto tiempo permanecí en ese estado aletargado y excitante, una eternidad, deliciosa eternidad. Tanto tiempo dilaté el proceso que prácticamente obligué a la suegra a solicitar el fin del masaje, no me quedó más remedio y poco a poco fui liberando mi presa, pasé a refregar el resto de la espalda y esta vez no tenía pretexto para restregar la picha contra el cuerpo de la suegra, continuaba con una erección tremenda y al dar por terminado el masaje salí disparado hacia el baño para evitar que la suegra viera mi endurecido mástil y además descargar la furia acumulada durante el manoseo de las tan ansiadas tetazas. Me pareció ver una maligna sonrisita en los labios de mi suegra al momento de cerrar la puerta del baño y sin dar importancia a nada, saqué mi verga y con poco esfuerzo comencé a esparcir el quemante esperma en las paredes del baño, nunca antes imaginé que me podía excitar de semejante manera, y nada menos que con mi propia suegra. Al salir del baño mi suegra ya se había ido a la cocina, estaba más fresca que una lechuga y con una pícara sonrisa, me acerqué cariñosamente y la abracé fuertemente, mi mirada fue directamente a buscar el par de melones que minutos antes disfrutaron mis manos; estaban ahí, coquetos, carnosos, voluminosos, enormes y deliciosos. -¿Le sentó bien la refriega? -¡Claro! Más que otras veces. No supe qué responder, la respuesta de la suegra era arma de doble filo, era claro que aludía al descarado manoseo de sus tetazas ...