1. Trío en las sierras


    Fecha: 16/06/2020, Categorías: Grandes Series, Autor: dandar, Fuente: CuentoRelatos

    Estaba caminando solo al costado de un río de las Sierras de Córdoba, a más de cinco kilómetros de la ciudad de Carlos Paz. Alrededor del caluroso mediodía me detuve en una playa de arena para nadar un rato.
    
    Al salir del agua busqué los árboles y saqué de la mochila un tollón, agua y fruta. Escuché el motor de una moto todo terreno. En un recodo de la costa arenosa del río se detuvo y descendieron un hombre grande (cincuentón) y una mujer algo menor, muy linda.
    
    Como me encontraba en una barranca elevada y con densa vegetación, podía verlos sin ser advertido. Ella, alta y rubia, vestía un pantalón muy corto y remera ajustada. Poco tiempo estuvo cubierta: rápidamente quedó sólo con una infartante tanga y corrió al agua.
    
    Su pareja sacó de un bolso un trípode y cámara fotográfica y comenzó a capturar sus sensuales movimientos.
    
    Me fui acercando hasta quedar a menos de 15 metros de ellos. A cada paso crecía mi excitación. Seguramente ellos iban a culear, y yo, además de mirarlos y fotografiarlos, me iba a masturbar rico.
    
    Escuché que el hombre le pidió a la mujer que se acaricié el cuerpo “como si te pajearas”. Ella obedeció, y fue un espectáculo.
    
    El se desnudó, dejó la cámara y con la pija totalmente parada se acercó a la potra. Ella salió del agua y riéndose agarró con su mano izquierda la verga y arrastró al hombre hasta la moto. De un bolso sacó dos toallones, los extendió sobre la arena, se arrodilló y comenzó a chupar la verga.
    
    Ver esa carita linda ...
    ... comiendo pija me excitó. Empecé a pajearme lentamente. El empujó a la bonita para dejarla acostada, le abrió las piernas y metió su boca en la concha. Ambos gritaron de gozo.
    
    Como yo quería ver con más detalle el cuerpito de la putita, dejé mis cosas y sólo con el calzado puesto fui avanzando. A tres metros de ellos me detuvo una roca, de dos metros de altura, al borde de la playa donde estaban.
    
    El la había puesto en cuatro patas y le metió su pedazo en una vulva deliciosa. Luego ella se le subió encima y empezó a mover su culo en círculos. Me saqué el short, y desnudo empecé a pajearme.
    
    Excitado, me resbalé.
    
    Caí al costado de ellos, en bolas, con la pija alzada.
    
    Todos nos asustamos.
    
    Ensayé la primera disculpa que se me ocurrió:
    
    —Disculpen…, estaba caminando y resbalé….
    
    La chica, que se había parado, me miró extrañada y luego lanzó una carcajada:
    
    —Pablo, ¡nosotros culeando y teníamos público pajeándose!
    
    —Y bueno Claudia, ¡a vos te encanta calentar pijas…! – dijo el joven riéndose.
    
    Sin saber como reaccionar ni que decir, quedé mudo. Dudaba si se estaban burlando de un pajero o les divertía sin mala intención la situación.
    
    —¡Hola! Me llamo Claudia – dijo la mujer, acercando hacia mi sus pechos de ensueño, para saludarme con un beso.
    
    —Ahh… eghhh… mucho gusto… soy Alberto… -respondí tontamente.
    
    —Y yo, Pablo... ¿Te doy la mano o mi pija? Vos elegí… - exclamó el hombre risueño.
    
    Sonreí tontamente y estreché su diestra, tras lo cual miré hacia la ...
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