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Un profesor, una alumna y un colegio católico – Parte 7
Fecha: 02/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues
... relaciones sexuales con quien yo desee, elijo libremente tener sexo con mi profesor de literatura, quien me atrae poderosamente y por esa razón he empleado todos los métodos de seducción a mi alcance, para lograr mi objetivo. Llegué a trepar el capó de su auto y enseñarle mi falda abierta, de lo cual hay numerosos testigos en el colegio. Juro que no hay pago en dinero ni en ninguna otra especie por ninguna de las partes, sino que se trata de un acto libre y responsable en el que deseo incurrir. Así mismo juro que ha sido mi idea pedirle a mi profesor, jugar el juego erótico del Amo (mi profesor) y la sumisa (yo), y le he implorado que me someta a sexo duro, ataduras, humillaciones verbales y físicas y también castigos físicos, desde la confianza que deposito en él y asumiendo toda la responsabilidad por cualquier cosa que ocurra, sin la menor vergüenza por nada. De la misma manera he solicitado a mi compañera, amiga y ocasional amante, Cecilia Barrios, que sea testigo y partícipe de esta relación, en el rol de asistente de mi Amo, el profesor. Reitero que ni el profesor, ni Cecilia tienen responsabilidad alguna, sino que simplemente complacen mis deseos de experimentar este tipo de sexo”. Firma: Micaela Sánchez y adjunta fotocopia de su documento de identidad. Conocía muy bien la letra de Micaela y se veía tan natural como la letra de todos sus escritos que alguna vez leí y corregí. Por supuesto que el texto lo redacté yo mismo, lo imprimí y le dije a Cecilia que debía ...
... hacer que Micaela lo escribiera y firmara. Esto me daba si bien no una total garantía, al menos una confianza por tener algo en su contra si decidiera jugar sucio. Si sus padres la creían tan inocente, no les gustaría nada enterarse de la doble vida de Gatúbela. A Micaela le convenía callar. Guardé el documento en lugar seguro y me dispuse a comenzar la fiesta. Empecé por llevar a Cecilia a mi habitación, mientras Micaela permanecía en la sala de estar, en posición de inspección. Unos minutos para incrementar su nerviosismo le darían un toque de sal y pimienta a lo que estaba por llegar. En mi cuarto, le puse a Cecilia su collar, aquel que se supo ganar a pura dignidad de sumisa ejemplar. Sonrió orgullosa, como si le transfiriera el poder de una corona de reina. Le dije que se atara el cabello y se hiciera un rodete por encima y le di una goma y una pinza extra, para que hiciera lo mismo con Micaela. Me fascinan las mujeres de pelo largo, pero en ocasiones se transforma en un estorbo para este tipo de juegos. Cuanta más piel a la vista, más perversiones se me ocurren. Tomé también algunos elementos blandos, más que para castigo, eran para excitación y placer. Para mí elegí una fusta flexible de unos setenta centímetros de largo con una lengüeta de cuerina negra sintética, muy blanda para dañar, pero que a determinada velocidad de manejo brindaba sensaciones muy intensas en ciertas partes del cuerpo y por supuesto, algo de dolor. A Cecilia le di un látigo de flecos negro, también ...