1. (6) Mercado medieval Portus


    Fecha: 22/07/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Caminante, Fuente: CuentoRelatos

    El escribir es un arte en solitario, eso dice un escritor nórdico, aunque se contradice, ya que más adelante dice lo contrario y no comparto su opinión debido a los personajes que intervienen en sus novelas no son reales, los míos lo son, hay muy poca imaginación debido a que los sentimientos, el sexo, su goce y emociones, como los efectos secundarios no se pueden inventar sin experiencia. Y yo no soy capaz de escribir nada con gente cerca y sobre todo ruido.
    
    Hay otro elemento en la cual me apoyo, presencias, sé que mientras escribo hay quien lee cerca de mi espalda, y de vez en cuando mi visión periférica, me permite ver un fugaz movimiento a mi derecha, a la izquierda no puede ser, estoy pegado a la ventana.
    
    Y esa presencia que se mueve deprisa tiene diferentes formas y colores, desde el gris oscuro al negro y que conste que alguna vez me ha hecho levantarme y hacer fotos, pero nada, nunca lo he conseguido. Sigamos.
    
    Si se hiciera una encuesta a hombres entre los 30 y los 50 años (Pienso que a esta edad, el sexo pierde velocidad debido al conocimiento), y solo se les preguntara ¿Cuál es la llave del sexo?, pocos o muy pocos acertarían, y respeto la opinión de cada uno, no olvidándome de ellas, aunque pienso que muchas estarán de acuerdo conmigo.
    
    Es el beso, la proximidad de los dos cuerpos y el beso, ese beso que se prolonga dentro de un abrazo sin medida de tiempo.
    
    Esa sensación de estar dentro de su boca, ya que es la verdadera entrada a su interior, y ...
    ... mirando a la vagina, es un callejón sin salida y solo atiende a una respuesta, que se aprovecha del tacto, y la boca forma parte del conjunto y además es muy importante debido a que suele ser el principio de todo.
    
    Yo medí ese tiempo, en el aparcamiento del teleférico, la tarde se había estropeado y llovía con fuerza, además las nubes azules hizo que la tarde se convirtiera en noche.
    
    Y tan solo fue ese beso prolongado, y no seguí a pesar de sus señales, había separado las rodillas, permitía el acceso a su vulva, pero no era el lugar para continuar, quedaban pocos coches y sabía que no podía empezar algo con dudoso fin. Casi dos horas.
    
    El follar dormido era de un misterio, solo una vez lo consulté con una extraña mujer, era echadora de cartas, no, era una mujer que tenía un extraño poder, su edad era complicado de saber, no se lo pregunté pero mi mala estimación en ese sentido, deduje que entre los cuarenta y cincuenta.
    
    Había un detalle que me confundía, en aquella corta entrevista, su rostro cambiaba, rejuvenecía y envejecía, y yo no había bebido nada que pudiera alterar mi vista de esa forma, ella de vez en cuando dejaba asomar la sombra de una sonrisa, sabía que me había dado cuenta de esos cambios.
    
    Además no fue en lugares extraños, no, lo hice un mercado medieval, me gustan ya que descubro cosas interesantes y esta mujer vestía a la antigua, quizá un par de siglos atrás, el 18.
    
    Estaba en la entrada de una especie de tienda de fina tela, a su lado una mesa y ...
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