1. De Andrés a Andrea: Mi proceso de feminización (IV)


    Fecha: 23/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Andresa, Fuente: CuentoRelatos

    Obedecí. Inés me hizo sentar de nuevo en la peluquería con sus clientas, me pidió que me maquillase ante ella y cuando terminé me hizo algunas correcciones y salió un momento. “Tu sorpresa,” dijo. Volvió a los pocos minutos con varias cajas. Las abrió y sacó una serie de pelucas de todos tipos. Me las fue enseñando una por una ante las miradas cómplices de sus clientas y me dio a elegir. Elegí una rubia oscura, de pelo corto, tipo Kim Novak. Me la colocó varias veces para enseñarme, entre grititos de aprobación de sus clientas, “Te sienta muy bien, Carla”, “qué preciosidad”, etc. A continuación miró mis manos, con las uñas comidas y me hizo la manicura en manos y luego siguió por los pies. Por último, me envió a un salón próximo y me dijo que preguntase por Juana, que me iba a poner unas uñas de gel, que siguiese sus instrucciones y que luego volviera. Me desmaquillé, me quité la peluca y allá que me fui.
    
    Cuando entre allí me quedé lívido. Eran chinas. Pregunté por Juana y una chinita me sonrió y me invitó a sentarme. Justo detrás entró otra clienta, española y joven, que se sentó a mi lado. Le expliqué a la china que quería unas uñas de gel porque me mordía las mías, pero ella sabía ya lo que tenía que hacer. La chica de al lado me sonrió y me dijo que hacía bien, que era un método estupendo para dejar de mordérselas. La china comenzó su trabajo y cuando llegó el momento de pintarlas le dije que de un color lo más natural posible. La china no me entendía o no quería ...
    ... entenderme y al final me las pintó de color rojo, a pesar de mis protestas. La chica de al lado me miraba sorprendida y entonces le conté que una amiga se había encargado de hacerlo hablando con estas chicas, que eran las que se lo hacían a ella y que me querría tomar un poco el pelo.
    
    Pero lo malo vino después: La china se agachó y me pidió que me descalzase. Yo no quería hacerlo pero ella insistía y mis instrucciones eran muy claras. Me descalcé me quité los calcetines y mis pies aparecieron con la pedicura recién hecha. La chica se sorprendió más todavía pero cuando empezó a pintarme las uñas de los pies de rojo pasión se empezó a reír. Y creo que lo de mi amiga ya no coló. De hecho, al despedirme una vez finalizado el trabajo me soltó un “Adiós, princesa” con un guiño, mientras las chinas se descojonaban. Rojo como un tomate otra vez…
    
    Volví a la peluquería e Inés me dio instrucciones:
    
    “La próxima vez que vayas a ver a Carla deberás ir totalmente vestida y maquillada como la mujer que eres, Andrea. Llevarás pendientes de pinza, pulseras y reloj de mujer, que comprarás, así como un vestido corto y unos zapatos de tacón. Te pondrás también este collar de sumisa (de cuero, repujado y con adornos de plata)”
    
    No protesté. Sabía que no había nada que hacer.
    
    Pasé el mes bastante excitado. Estaba acojonado por un lado pero me sentía cada vez más dispuesto a hacer todo lo que Carla quisiera. Era casi un síndrome de Estocolmo y sentía cada vez más deseos de avanzar en esto. ...
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