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De Andrés a Andrea: Mi proceso de feminización (IV)
Fecha: 23/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Andresa, Fuente: CuentoRelatos
... Mi problema más grave era donde vestirme; hasta entonces siempre lo había hecho en el servicio de bares pero ahora me resultaría imposible. Era un hombre y tenía que entrar vestido de hombre y salir como mujer. Afortunadamente, hay sitios en los que lo puedes hacer. Aeropuertos y hospitales, en el servicio de minusválidos. Elegí el hospital. El día de la cita salí de mi casa con el maletín completo con todo lo necesario. De hecho, había tenido que cambiarlo por otro más grande porque ya no me cabía todo. Salí del trabajo y fui a un hospital público que ya había inspeccionado y que me pillaba de camino, o casi. El servicio de minusválidos que elegí estaba en una planta en la que había poco tráfico de personal, pues sólo se utilizaba casi en su totalidad para consultas por la mañana, mientras que por la tarde de los miércoles sólo había una consulta en la otra esquina. Me metí en el servicio, abrí el maletín y comencé a trabajar frente al espejo. Durante casi dos horas estuve allí, metido, y nadie vino a molestarme. Cuando salí era una mujer, una Andrea. Nadie me podría reconocer. Me había puesto la ropa interior más sexy, acompañada por un corsé inglés que me ceñí hasta casi asfixiarme. Llevaba un vestido azul por encima de la rodilla, ceñido, con una chaquetilla de encaje entreabierta por donde asomaba el corsé y el pecho postizo. Hasta yo me veía atractiva. El maquillaje obraba milagros y el plug me hacía sentirme a la vez atractiva, excitada y puta. Salí ...
... despacio, procurando andar como una mujer y notando que muchos tipos me miraban con admiración y deseo, lo que me hacía excitarme más y mojar mis braguitas (de encaje, negras). Llegué a la cita puntual. Cuando Carla abrió la puerta se sorprendió: “Qué guapa estás, puta” y me plantó dos besos en la cara. Me llevó al saloncito y notó como estaba: “Te va gustando esto, eh?” No contesté pero ella siguió: “Hoy vamos a dar un pasito más, Andrea. Tendremos una orgía y tú serás la puta. Vas a llevar puesto desde ahora este cinturón de castidad, del que yo tengo la llave. No te lo quitarás nunca más. Es mi regalo para mi puta. Tú verás lo que le dices a tu mujer pero no podrás quitártelo. Imagino que ya no tienes relaciones con ella pero si es necesario tendrás que arreglarte solo con la mano, y sin que ella te toque, salvo que quieras decírselo…” Me obligó a bajarme la braguita y me puso el cinturón, que me oprimía el pene e impedía las erecciones. Acto seguido me cogió del brazo y me llevó con ella a la calle, como dos amigas. Yo estaba confundido, pero ella me hablaba como una amiga mientras me decía que íbamos a tomar algo y luego a mi coche. Entramos a un bar ella pidió un cubata y me preguntó que quería yo. No me atreví a hablar, así que hice un gesto de asentimiento. Ella no quiso entenderme e insistió: “¿Qué quieres, Andrea?”. Finalmente, rojo de vergüenza (aunque el maquillaje lo tapaba) contesté bajito, intentando poner voz de mujer: “un cubata también, por favor”. Carla ...