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Rosa, una empleada ejemplar
Fecha: 27/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues
Por Empalador Soy docente y profesor particular lo que me ha dado la posibilidad de conocer muchas mujeres. En el verano de 2013 con un amigo abrimos un negocio de comidas. Yo iba por las noches cuando podía debido a mis ocupaciones. Ahí conocí a Rosa, una de las cocineras. Era una mujer morena, de unos 45 años, algo robusta, carente de atractivo a priori. A los dos meses y cuando todo marchaba viento en popa, sucedió algo que hizo que cambiara mi actitud hacia ella. Llegué al mediodía, a comer algo, y al dirigirme al fondo, en el cuarto de servicio, con la puerta entreabierta, la vi cambiándose la camisa de trabajo. Tenía un sujetador negro, de grandes dimensiones. Ni se percató que yo la miraba. Ese corpiño sujetaba un buen pecho. Está visión me calentó, por lo que le pedí uno de esos mediodías, quedarse un rato más para hablar con ella. En todo eso yo me había ganado la confianza, dado que muchas veces a la noche me ofrecí llevarla a su casa, a veces acompañada de su hijo. Era una mujer impenetrable, de toscos modales pero buena gente. El día llegó. Ya todos se habían ido en el negocio. Ella me preguntó el motivo de la conversación. Le dije que me gustaba. Sonrió, como desconfiando. -¿Vos de mí, las ganas? Vos sos un profesor y yo una empleaducha. -Pero creáme, es usted muy atractiva. Me gusta. Se lo digo en serio. -No me hagás reír, dijo incrédula. -El otro día la vi sin querer. Su cuerpo es exuberante. Amagó un manotazo. -Tranquila, Rosa. Le dije seguro y morboso: -Deseo ...
... verla completamente desnuda. Abrió sus ojos, retrocediendo. Le prometí mil cosas, tomándola de la cintura para conducirla al cuarto de servicio. No, vos estás loco, me decía. Había todo tipo de cachivaches en ese cuarto, tomé una colchoneta y la tiré en el suelo. -Desnúdese…lentamente por favor. Obedeció. Tenía un cuerpo exuberante, sobretodo esa ropa interior negra en su piel morena, al igual que yo, moreno. Me bajé el cierre del pantalón, comenzando a tocarme. -Quédese ahí. La quiero mirar bien. -Venga, pidiendo que me acaricie la pija. La visión de mi persona todavía con camisa y corbata , ella en cuclillas, acariciando y besando dulcemente mi pija, con la cofia del trabajo en su cabeza, hizo que explotara. La puse en cuatro introduciendo suavemente mi pija en sus carnes, comprobando cierta verdad de que su marido no la atendía. Ver su culo tan grande, me excitaba tremendamente. Agarraba sus nalgas con gran locura, con embestidas leves y a veces furiosas. De a ratos, acariciaba sus grandes pechos por sobre la tela del sujetador. Estaba húmeda por todas partes, producto de la excitación. - Rosa, ¿así se la coge su marido? Me parece que no, que no es atendida. Mmmm, usted es una catarata. Derrochaba portentoso flujo. Así, no aguanté más, viniéndome sobre esas gigantescas nalgas, un tremendo pedazo de carne. Me recontraba excitaba ver tanta leche desparramada en ese pandero enorme. Mi camisa estaba totalmente transportada. La atmósfera llena de sudores y pecado. La segunda y ...