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El esclavo de las muchachas del barrio
Fecha: 31/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: pompita, Fuente: CuentoRelatos
Recién había cumplido yo mis 18, recuerdo... Era aquélla una tarde calurosa de primavera, y ardiendo en otra de aquéllas mis despampanantes sobreexcitaciones eróticas, salí corriendo hacia el bosque ahí muy cercano al barrio donde vivía, y, como era mi costumbre desde niño, saciaba solitariamente aquellas ganas de exhibir mi desnudez, a la soledad de la verde naturaleza del bosque, imaginándome un antiguo sátiro de aquellos de las fantasías mitológicas que tanto me agradaba leer. Imaginábame espiado por esculturales ninfas desnudas que estarían escondidas entre las espesuras vegetales aquéllas, y así andando y empalmado como un burro, caminaba por las soledades de aquel bosque, sin perturbar ni ser obsceno con nadie. Pero aquella tarde, ¡aquella tarde sí andaba una ninfa!: La Marina. La Marina: vecina de casa y de mi misma edad, que aquella tarde justamente se le había ocurrido ir hasta la casa de una amiga, y no tuvo peor idea que cortar camino para su viaje, que atravesando el bosque aquél precisamente. Y.… ¡me descubre! Yo, para hacer aquellas mis caminatas desnudo, me desnudaba dejando juntas mis ropitas contra un tronco, para después, cuando saciaba aquélla mi costumbre y debía volverme, las recogía de donde las había dejado, me volvía a vestir, y listo... me volvía tranquilo y sin problema ninguno. Pero aquella tarde, la Marina justamente me descubre desde que llegaba yo y me desnudaba dejando mis ropas ahí, y sin haberla yo a ella visto, la muy cochina ...
... descubre ésa mi costumbre, y sabiendo ocultarse y estudiar todos mis movimientos, corrió a esconder mi ropa vaya uno a saber dónde, para aparecérseme sorpresivamente largando las carcajadas estando yo completamente desnudo y empalado como un burro, y ahí nomás ya comenzó ella conmigo aquel juego dominante donde yo, corriendo desesperadamente hacia el lugar donde había dejado mis ropas para vestirme...obviamente no las encontré, y la Marina, que venía siguiéndome a las carcajadas, comenzaba ya a divertirse conmigo. Le imploraba yo me devolviese las ropas, cosa que ella negaba tenerlas con un cinismo exprofeso diciéndome que no sabía absolutamente nada de mis ropas, y que era yo el que andaba ahí desnudo y yo debía saber por qué andaba desnudo. La Marina había resultado ser una verdadera experta en saber desesperarme, y rápidamente quedé envuelto en su telaraña en la que supo rápidamente envolverme, comenzando aquel juego en el cual yo, desesperado y dispuesto a cumplirle todo lo que me ordenase, comencé a ser el juguete de ella ahí adentro de aquel boscaje estando yo... completamente desnudo. La Marina, una hermosísima muchacha alta y escultural, comenzó a andar acaballada sobre mis hombros haciéndome así llevarla por los senderos interiores de aquel inmenso bosque, llevándola yo sobre mis hombros así completamente desnudo y con el chorizo duro y horizontal bamboleándose en el aire al ritmo de mi paso. La Marina... reía. Descalzándose, La Marina me hizo llevar en mi ...