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ALFREDO Y LA SESIÓN DE TARDE EN UN CINE DE BARRIO
Fecha: 17/08/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: DS{eli}, Fuente: SexoSinTabues
ALFREDO Y LA SESIÓN DE TARDE EN UN CINE DE BARRIO Los cines de barrio solían ser los locales idóneos para el encuentro de todas aquellas personas que necesitaban de la oscuridad y la presencia de público para satisfacer sus necesidades más íntimas. Eran baratos, ofrecían cierto confort y sobretodo, la oscuridad necesaria para pasar desapercibido a ojos no iniciados, sin impedir por ello la visión a todos los interesados. Las películas solían ser abominables, pero por mala que fuera no dejaba de ser una buena justificación y excelente excusa, puesto que una actitud sospechosa dejaba de serlo cuando se mostraba aparente atención a la pantalla. La oscuridad de la sala hacía que todo aquel que irrumpiera en ella, quedara momentáneamente cegado por el contraste entre la luz del exterior y la penumbra del interior, pero a la vez, la escasa luz procedente del proyector era la suficiente como para que, una vez acostumbradas las pupilas, unos y otros pudieran verse muy bien y actuar a sus anchas. Los lavabos, tanto de caballeros como de señoras, solían tener rápido y fácil acceso, normalmente desde la propia sala de proyección. La visita a un cine desconocido y la inmediata búsqueda de sus lavabos permitía descubrir lo que en él estaba pasando. Tanto si el frecuentado por viejos con la ropa desaliñada y a medio a brochar o por jóvenes apurados, con la cabeza gacha ostensiblemente nerviosos y acelerados, era el lavabo de hombres, como si el frecuentado era el de señoras, ...
... repasándose el maquillaje, poniéndose recta la costura de las medias o simplemente contando billetes, quería decir en algún sitio de la platea las reinas del local estaban imponiendo su ley, despachándose a gusto con todo aquel que cayera en sus manos, incluso con chavales que en los lavabos aparecían con cara de apuro, dificultad al orinar y apariencia de desconcierto, señal inequívoca de que habían sido desvirgados a lo salvaje y que tras soportar una larga seducción eran exigidos hasta ofrecer el tributo de una perla de semen, quién sabe si su primera leche. Los cines de barrio reunían, sobre todo en sesión de mañana, a un público heterogéneo, gente mayor, alguna madre joven, chavales haciendo novillos, algún que otro parado, las putillas de la calle haciendo tiempo hasta la noche, los estudiantes de clases media y alta en busca de algún plan por poco dinero y algunos trabajadores de horario cambiado o turnos alternos. Una amalgama de público, normalmente carente de objetivos y predispuesta, por las circunstancias, a venderse ellos mismos antes que a comprar nada. Los servicios de las prostitutas y de las amas de casa adictas a las tragaperras eran tan económicos que solo podían rendir basándose en la cantidad, así que más de medio cine pasaba por sus manos todos los días. Los empresarios y acomodadores no tardaron en ver aquel negocio como una oportunidad de ingresos alternativos, cobrando un porcentaje sobre las tarifas de las putas y buenas propinas a los clientes que eran ...