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ALFREDO Y LA SESIÓN DE TARDE EN UN CINE DE BARRIO
Fecha: 17/08/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: DS{eli}, Fuente: SexoSinTabues
... cuatro butacas para que nadie cayera a su lado por fuerza y ellas pudieran maniobrar libremente. A pesar de todo, si cuando llegaba, se le ocurría buscar un nuevo emplazamiento, toda la cola, en absoluta discreción y silencio se trasladaba. La mujer sabía que allí estaban sus adictos y entonces comenzaba una serie de alteraciones del orden previsto en favor de nuevos clientes o de unos sobre otros de los adictos, mientras todos lo aceptaban sin rechistar, sometidos y sumisos como corderillos. Cuando Alfredo, recién llegado del pueblo para trabajar con su tío en el taller, acudió un día al cine más próximo, se encontró con un espectáculo alucinante, un espectáculo que nunca habría podido imaginar, ni siquiera en su sueño más erótico. Parecía que todo el cine, tanto los jóvenes como los maduros y viejos, estaban allí por lo mismo. No dejaba de oír suspiros y lamentos entrecortados. Parecía que las mujeres despacharan aceleradamente, incluso a dos manos, para luego cobrar y ya sea por estar necesitadas de descanso, o bien por haber recaudado lo suficiente, marcharse. Sin embargo, su puesto nunca quedaba vacío ya que, a los pocos minutos, eran reemplazadas por otras ordeñadoras, que en alguna parte, quizás en un bar al otro lado de la calle, esperan su turno. Al cabo de dos horas de cine, completamente empalmado y con los calzoncillos mojados, más pendiente de lo que sucedía en la sala que de la propia película, sumido en una excitación casi animal producida por las ...
... calenturientas imágenes, que en su imaginación, provocaban los sonidos provenientes de la sala y que sus inexpertos ojos no eran aún capaces de ubicar, tras la escucha del incesante ruido de gente cambiándose de butaca o acudiendo presta a los servicios, de los gemidos entrecortados, inútilmente ahogados en un vano intento de discreción y disimulo, de las sonoras palmetadas contra piel desnuda que cortaban la oscuridad como relámpagos, de las inconfundibles exhalaciones de placer producidas en el momento álgido de la eyaculación, justo cuando sus huevos empezaron a hacerse notar mediante esa característica sensación, entre picor y molestia continuada y casi imperceptible, que como un cosquilleo asciende desde lo más profundo de los testículos hasta la punta del capullo y convencido de que allí había que pagar, sin saber cuánto, pero seguro de que su bolsillo no alcanzaría, decidió levantarse y salir de la sala. Camino de su casa, Alfredo se sentía humillado, no comprendía porqué los hombres tenían que ser manejados de aquella manera, y lo que era peor, no comprendía como él había estado tentado de dejarse tratar por una de aquellas horribles mujeres. ¡No había visto a ninguno hombre, joven, maduro o viejo que montara a la mujer! Al contrario, siempre eran ellas las que daban las órdenes y obligaban a los hombres a correrse con exigencia. Pero lo per, lo que más le turbaba, era que en ocasiones, los muy cabrones eran capaces de correrse después de que les golpearan los huevos y encima ...