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ALFREDO Y LA SESIÓN DE TARDE EN UN CINE DE BARRIO
Fecha: 17/08/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: DS{eli}, Fuente: SexoSinTabues
... sometimiento y la humillación, a obedecer y trabajar para ella. Deseaba, en fin, que aprendiera que junto a ella, su hembra, su dueña, su reina, no podría nunca poseer, sino que siempre seria poseído, no podría tomar la iniciativa, solo seguir las órdenes de la dueña. Mientras ella quisiera más, él nunca tendría bastante. Si ella tenía bastante, él no pediría más. Una vez Alfredo se situó frente a ella, la mujer le ordenó quitarse los pantalones. A un esclavo como él no le estaba permitido usar calzoncillos, así que al hacerlo, dejó directamente a la vista su gran paquete y un culo enrojecido en el que aún se podían contar los azotes del último castigo. Entonces ella abrió las piernas y se subió la falda ofreciéndole su sexo. Alfredo cayó de rodillas, completamente encelado por el espectáculo que se lo ofrecía y fue acercando la boca respetuosamente, poco a poco, mirándola a los ojos en demanda de permiso, sacando la lengua babeante y respirando agitadamente. Ella juntó los muslos aprisionándole la cabeza antes de que le alcanzara su coño y le cubrió con la falda escondiéndole entre sus piernas. Solo el culo desnudo de Alfredo quedó al descubierto y completamente al alcance de las manos de la mujer que comenzó a clavarle las uñas, a darle largos y retorcidos pellizcos, a pincharle con el alfiler negro que siempre llevaba prendido de su traje como el emblema de su rango. El chico se tragaba literalmente los gritos y los sollozos en un admirable ejercicio de total sometimiento. ...
... La mujer sacó del bolso un vibrador especial, descomunalmente ancho y lleno de protuberancias ligeramente puntiagudas. Tras lamerlo sensualmente de manera que todos pudieran ver su calibre, se lo introdujo al cabrón por el culo, sin lubricante alguno y de un solo golpe. Inmediatamente Alfredo tensó todos los músculos de su cuerpo como respuesta a tan brutal violación. Se hubiera derrumbado en el acto de no ser por la fuerte presión que las rodillas de su Dueña ejercían sobre su cabeza. Tenía la sensación de que su esfínter estaba a punto de partirse en su interior, el dolor le cortaba la respiración y sin embargo permanecía allí, inmóvil y callado. En cuanto los estertores de Alfredo cesaron, señal inequívoca de que su ano había aceptado ya el vibrador que lo enculaba, la mujer le sujetó los huevos con una mano mientras con la otra comenzó a ordeñarlo con furia. Cada vez que bajaba la mano para descapullar, subía la que mantenía aprisionados los cojones de tal manera que la mano que descapullaba, al descender por la enhiesta polla, chocaba violentamente con los testículos. Esto producía una sensación de parálisis general que retardaba el orgasmo. La leche de Alfredo llegó como siempre, puntual y obediente, en el momento que quiso la mujer, justo cuando paro de oprimirle los cojones. Habían transcurrido diez largos minutos, durante los cuales los cojones de Alfredo habían recibido tal cantidad de golpes que la inflamación sufrida los hacía parecer más a los cojones de un toro ...