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Cosas de Súcubos
Fecha: 20/08/2020, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues
Todo pasó en una noche confusa y oscura. Sebastián, un hechicero de un poder no tan considerable, se dirigía en un taxi hacia su primera vez en una discoteca gay, después de haber esperado bastante tiempo a que la lluvia se aplacara. Todo lo que se va a narrar ocurrió en Bogotá, la capital colombiana. Sebastián es un muchacho no muy alto, de 19 años, de tez trigueña, algo más clara de lo usual. Su cabello ondulado es oscuro igual que el color café de sus ojos. Es de contextura delgada y sus brazos van creciendo poco a poco debido al ejercicio que ha empezado a realizar hace unos meses. En general, es un chico bastante común en esta ciudad. Sin embargo, además de tener una personalidad muy peculiar, posee habilidades mágicas no muy sorprendentes que le sirven para enfrentarse a algunos contratiempos espirituales que surgen en Bogotá. Sebastián estaba en el asiento de adelante, totalmente helado y en su rostro se dibujaba una expresión de profunda preocupación. Se había aventurado a ir a ese lugar sólo por estar con el chico que le gustaba, David. Un muchacho trigueño, de 18 años, fornido, de cabello liso y negro. En el taxi, además de ellos, estaban, por un lado, en la parte de atrás al lado de la venta izquierda, Bryan, un liberto sexual, prostituto y costurero y, por el otro lado, hacia la venta derecha, Johan, un universitario bastante despreocupado en el tema sexual. Estos dos últimos (tenían más o menos 21 años), tenían el plan de llevarse esta pareja de chicos a la ...
... cama, después de unos tragos y un baile sensual, no se harían los difíciles. Ya en la calle, bajo la lluvia incesante, los encargados de traer clientes a los bares los rodeaban como moscas. Los más experimentados, Johan y Bryan, iban de un lado a otro, guiados por múltiples hombres, mientras los otros dos muchachos del taxi iban mojándose detrás de ellos. Al fin, entraron a un bar en un segundo piso. Sebastián estaba aturdido por la adrenalina, además, la música estaba muy alta y el sitio estaba menos concurrido de lo que él se imaginaba, era a causa de la lluvia. Cuando ya habían elegido unos viejos sillones negros para dejar sus objetos personales, los dos experimentados se acercaron con unos vasos de plástico que contenían ron, hielo y Coca-Cola. Acto seguido, Johan y Bryan empezaron a bailar en frente de los otros dos, ambos movían la pelvis, la cadera y las nalgas de manera muy sugerente. La piel trigueña del rostro de Bryan se movía para crear muecas sensuales, acompañadas de su lengua y sus ojos. Los dos muchachos sentados se animaron y se levantaron a bailar. Sebastián no podía alejar sus ojos de David, le parecían muy masculinos sus movimientos y, por eso, todas sus expresiones al bailar le resultaban irresistibles. Después de unas cuantas canciones, Sebastián y David empezaron a bailar juntos, cada vez más apretados, hasta el punto que David le agarró las nalgas al otro. Cuando Johan y Bryan se disponían a dar el siguiente paso de su plan, entró otro muchacho primerizo, ...