1. Juguete roto


    Fecha: 23/08/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luisjose1985ab, Fuente: SexoSinTabues

    ... que se resistía a sentir placer, a gozar las caricias mal intencionadas. Entre caricias, los pantalones marrones de Adolfo fueron victima de un afilada navaja que en cuestión de segundos lo dejo como dios lo trajo al mundo. Solo quedo con los zapatos puestos. Que hermoso animal se presentaba a la vista de aquellos sádicos contratados, el pelaje que recubría sus pectorales y que se extendía hasta su abdomen, coronando aquel pedazo de carne, la máxima fuente de placer, su verga la única forma de obtener placer hasta ahora. A sus 37 años mantenía buen cuerpo, una leve barriga cervecera que le daba ese encanto de oso y unas piernas bien trabajadas que hacían mucho más atractivas aquellas grandes nalgas que tentaban a ser golpeadas una y otra vez. Aquella verga que se mantenía inerte entre esos poderosos muslos era envidiable pero aquellos machos tenían sed de otra cosa. Adolfo estaba resignado a la suerte de sus secuestradores, se repetía una y otra vez -¿Por qué a mí?-. Sus sollozos eran cada vez mas notables los nervios habían hecho lo propio con su personalidad tosca y creída no quedaba nada de aquel hombre que trató como mierda a muchas. Resultaba que todo el daño que había hecho debía pagarlo y era hasta hoy que la vida le sonreiría. Adolfo era un hombre importante en su ciudad y si bien era conocido por muchos, también era odiado simplemente era una persona que no se dejaba querer por lo mezquino que llegaba hacer. Y así fue como su esposa ejercía su venganza. Y allí ...
    ... estaba Adolfo en medio de aquella habitación echo mierda. Una primera palmada resonó en toda la habitación, luego nueve más que dejaron aquellos cachetes al rojo vivo. Uno de los secuestradores, un treintañero, flaco aunque dotado recorrió sus nalgas las besó, mordió y chupo disfrutando del sudor y aquel olor que brotaba aquel macho pero no le basto solo eso, metió su lengua entre las nalgas de Adolfo, en donde perdió la cordura con aquel olor que lo volvía loco. Adolfo empezó a sentir los placeres del beso negro de alguien sabiondo, pero no se permitía disfrutar, su concentración estaba en no hacer notar que aquello le gustaba que aquello le estuviera poniendo el guevo duro. -Que no se me pare por favor- pensaba una y otra vez. El captor de 25 en vista de los trabajos que hacia su compañero por atrás decidió acariciar aquellas enormes, redondas y peludas bolas. Esto le causo junto con la lengua en el culo de Adolfo un escalofrio que no paso desapercibido. Pocos minutos después aquella verga pedía a gritos algunos cariños, se veía imponente mirando hacia el techo resaltando sus gruesas venas y aquel glande vino tinto semejante a un hongo. -¡Dios! mámala por favor mámala-pensó. Sus deseos no eran considerados, y las manos se retiraron de aquellas bolas solo quedaron dos dedos en aquel culo virgen que necesitaba de un poco mas de preparación para que entraran las tremenda herramientas que tenían los policías. Dedos llenos de saliva entraron y salieron una y otra vez, dando vueltas y ...
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