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El pasajero oscuro
Fecha: 30/08/2020, Categorías: Gays Autor: Gab, Fuente: CuentoRelatos
... refería —Cristina, me encanta la camiseta que llevas puesta. Es ideal para la próxima serie, y me gustaría comprártela, ahora. No puedo esperar a otro día a conseguir otra, no tengo tiempo —me la había jugado a que no tenían más camisetas en el local. No me había parecido ver más, ni siquiera en la despensa que podía entrever desde aquí —Pero no tengo otra cosa que ponerme, y más ropa de la panadería está en casa de mi tía, que es la dueña del negocio —dijo sorprendida tras unos segundos, después de mirarse la camiseta —Por eso me estaba costando preguntar. Y por la molestia, estoy dispuesto a ofrecerte 200€. No sé cuánto ganas, permíteme decirte sin ofenderte que creo que no mucho, pero este dinero debería ser suficiente para hacerte el tatuaje que quieras, y pagar el de tu novio. Puedes poner cualquier excusa a tu tía por la camiseta. Cogí el dinero y lo puse en la mesa. A pesar de los chupitos, mi cuerpo temblaba ligeramente. Cristina estaba alucinando. Se quedó mirando el dinero. Tras unos segundos, y para mi alivio, dijo dubitativamente —Vale… me meto en la despensa que está aquí detrás, y te tiro la camiseta desde ahí. —No —dije— no quiero que caiga al suelo y se ensucie, la necesito tal y como está ahora. Me la tienes que dar en mano Cristina se quedó callada. De repente me miró, con la cara algo cambiada y dijo: —Estás loco, tú lo que quieres es verme en pelotas. —300€ —la corté inmediatamente, no quería que siguiese por ahí— no me interesa ...
... verte en pelotas, quiero tu camiseta La excusa era algo mala, y no creo que me creyese, pero el dinero estaba haciendo efecto. —Está bien. Déjame cerrar primero la panadería —dijo mientras cogió el dinero y se dirigió a la puerta, poniendo el cartel de “Cerrado” y cerrando con llave— no quiero que nadie entre y me encuentre contigo en la despensa sin camiseta. Pasa aquí detrás rápido. Pero te doy la camiseta y te vas, entendido? —Sí, sin problemas —contesté Miró por el ventanal, comprobó que no había nadie en la calle, dejó las llaves en el mostrador y nos metimos en la despensa. Era una habitación, tenía estanterías y una mesa en el centro. Cristina cerró la puerta de la despensa, me pidió que me quedase a la entrada, y se quedó parada delante de la mesa, de espaldas a mí. Bajó las manos a la cintura, cogió con ambas manos los extremos de la camiseta, y tiró hacia arriba. Levantó los brazos, sacándose la camiseta por la cabeza, dejando libre su bonita espalda y un sujetador de color azul claro. Echó el brazo hacia atrás con la camiseta sujeta, y yo la cogí. —Ahora vete por favor —dijo —Hmmm vale, pero cómo voy a salir? Has cerrado con llave —contesté. Lo había pensado todo en el momento que dijo que cerraría con llave—Podría coger las llaves, pero no me conoces de nada… quién te dice que no me iré con ellas. Podrías también salir tú a abrirme, pero estás en sujetador, esta camiseta la necesito y no la voy a soltar. Quizá justo alguien pase en el momento ...