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El pasajero oscuro
Fecha: 30/08/2020, Categorías: Gays Autor: Gab, Fuente: CuentoRelatos
Todos tenemos nuestros vicios, nuestros secretos, nuestro ‘Dark passenger’, como diría Dexter. Van evolucionando con el tiempo, perfeccionándose o haciéndose más extraños. El mío, como el de muchas otras personas, tiene que ver con el sexo. A mí en particular, y desde hace unos años, me obsesionan los vídeos en los que uno aborda a una chica ofreciéndola dinero por desnudarse, y posteriormente acabar teniendo sexo. Me excita el poder mental del dinero, cómo una persona inicialmente reticente a siquiera enseñar el sujetador, acaba sucumbiendo a un fajo de billetes. Obviamente, todos los videos que he visto, están preparados. Pero la idea me cautivó. Hasta el punto de querer probarlo yo mismo. No llego a los 30 años. De día soy un chico con un futuro prometedor. Fui buen estudiante, hablo idiomas, participé en un programa para jóvenes talentos de un conocido banco, que me hizo vivir mis primeros 2 años profesionales en Nueva York y Londres. Posteriormente volví a Madrid, y cambié de empresa al cabo de 2 años, a una de estas que pagan un pastón. Tengo carisma, se me dan bien las chicas, tengo buena apariencia. El yerno que cualquier padre y madre querrían para su hija. De noche, mi verdadero yo sale a relucir. Me propuse intentar lo que vi en los videos. Inicialmente pensé en probar en un bar o club en Madrid, elegir a una chica, empezar a hablar con ella, y acabar ofreciendo dinero. Pero mi mentalidad paranoica, me disuadió de ello. Madrid al final es muy pequeña. ...
... Puedes hablar con una desconocida, que resulte ser la prima del amigo de tu jefe. Además, en las grandes ciudades por lo general no se está tan necesitado, y menos la gente que sale de fiesta a clubs. Ya me imaginaba a la chica poniéndose a gritar, llamándome acosador y pidiendo a los de alrededor que me mataran. No, tenía que ser en otro sitio, donde fuese un auténtico desconocido, y donde hubiese otra realidad económica. Los sábados por la mañana, empecé a coger el coche y a visitar pueblos de la región. A veces alquilaba una habitación en un hotel y pasaba la noche allí. Paseaba por el pueblo. Estaba simplemente realizando una labor previa de investigación, eligiendo a mi víctima. Encontré posibles candidatas, pero siempre había un pero. Buscaba a alguien guapa, que no tuviese pinta de ser demasiado suelta y por tanto una presa fácil, pero que tampoco tuviese pinta de ser imposible y por tanto peligrosa de delatarme, que no fuese demasiado mayor y conservase todavía cierta inocencia, y que fuese fácil de abordar, es decir, que trabajase por ejemplo en algún local atendiendo normalmente sola, o que pasase por una zona poco frecuentada para que no hubiese gente alrededor. Quizá en un futuro, si todo salía bien y seguía con mi maldita obsesión, con experiencia ganada, podría arriesgarme algo más. Pero esta iba a ser la primera vez, y tenía que jugar seguro. La tarea se me planteó difícil, y cada sábado conducía más lejos buscando a la presa ideal. Tras un par de ...