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Y la puerta de al lado se cerró
Fecha: 10/09/2020, Categorías: Gays Autor: carihuevina, Fuente: CuentoRelatos
Cuando abrí un ojo y miré el reloj vi que era muy tarde. En el piso no se oía ningún ruido así que supuse que mis compañeros ya no estaban. Además era sábado, seguro que se ya se habrían ido a su casa. Yo tenía que levantarme ya. El tiempo apremiaba y por la noche quedara con todos mis amigos para cenar en casa con la excusa de que había sido mi cumpleaños. No tenía aún nada pensado. Saqué un pie de la cama. Hacía frío asique decidí quedarme un ratito más debajo de las sábanas calientes. Mientras cerraba los ojos me vino a la mente una imagen del sueño que tuviera esa noche. Me veía en mi propia cama con mi hermana durmiendo en la de al lado. Sin esperarlo notaba como alguien se introducía bajo las sábanas y se pegaba completamente a mí. Estaba desnudo. Podía notarlo porque yo únicamente dormía con una camiseta. Quise girarme, pero no me dejó. Lo único que se limitó a hacer fue a taparme la boca y darme todo el placer que fui capaz de soportar. Ahora que me paraba a pensarlo, era un buen argumento para un relato. La historia y el estar dentro de cama desnuda sin nada mejor que hacer me dio pie a pasar un buen rato, esta vez de forma real. Bajo la cama guardaba una cajita muy mona en apariencia. Dentro había varios objetos destinados a otorgarme grandes momentos de placer, y a todo el que tuviese la fortuna de acompañarme esa noche, jeje. Esa mañana me decanté por unas bolitas vibratorias que venían con el añadido de que se ...
... controlaban por control remoto. Cuantas veces me salvaron del sopor de alguna charla tediosa en algún salón de actos. También me encantaba llevarlas cuando iba de compras con mis amigas. Entrar en el probador a cambiarte de ropa y de paso jugar un ratito. Pero esa mañana no me apetecía fantasear con nada. Sólo auto complacerme y salir a preparar todo. El sueño anterior debiera de dejarme muy calentita puesto que las bolas entraron sin más, no necesité lubricante ni llevármelas a la boca. Aprovechando la soledad del piso, no reparé en cortarme. Nada de ahogar los gemidos contra la almohada. Cuando terminé fui a ducharme, el piso seguía en completo silencio. Llegada la noche cuando me disponía a entrar en la cocina me topé con uno de los chicos que vivía conmigo. Por no ser maleducada lo invité a cenar con todos nosotros. Mientras los invitados se acomodaban en el salón aproveché para escaquearme al baño y ponerme las bolitas otra vez. Era una noche especial y había que hacerla inolvidable, y quien sabe quizás encontrase a alguien con quien compartir ese secretillo. Busqué por el mando, pero no lo encontré ¡A saber dónde lo pondría con las prisas de esa mañana! La gente me llamaba así que decidí buscarlo en otro momento. Cuando iba a levantarme a buscar el postre me pareció notar que las bolas comenzaban a vibrar. Era algo muy sutil y yo estaba de pie así que tampoco podía asegurarlo. A medida que pasaba el tiempo confirmé mis sospechas, sí, ...