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Llevaba tres años sin follar
Fecha: 12/09/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Hace más de cuarenta años... Liboria, llegó a casa del río. Antes de echar la ropa a tender posó la bañera en la mesa de la cocina y se fue al lavabo. Abrió la puerta y vio a su hijo Gustavo, un joven de 19 años, alto, moreno y corpulento, sentado en la taza del wáter con los ojos cerrados, masturbándose a sí mismo y masturbando y chupándole la polla a su amigo Fidel, que tenía 20 años, era rubio, alto, delgadito, y que estaba de pie frente a él. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Tres años llevaba sin follar. Iba a dos pajas semanales desde que la dejara su marido. Ver como la polla del amigo de su hijo entraba y salía de la boca hizo que mojara sus bragas. Se dio la vuelta y fue a su habitación, cerró la puerta, y de pie, apoyada a la pared con su espalda, se echó las manos a las tetas y las magreó, después abrió las piernas, metió una mano dentro de las bragas, se encontró con su coño mojado, metió dos dedos dentro de la vagina, los sacó y con ellos mojados frotó el clítoris... Se iba a hacer una tremenda paja pensando en las dos pollas besando los pezones de sus tetas, entrando y saliendo de su boca, de su culo, de su coño... En el wáter, un chorro de leche salió de la polla de Gustavo y fue a parar al pecho de Fidel, otro chorro de la polla de Fidel le llenó la boca a él. Quince minutos más tarde, a Liboria, que era una mujer morena, de 37 años, delgada, con enormes tetas, gran culo, baja de estatura y bastante guapa, el placer del orgasmo que sintió al ...
... haber imaginado que su hijo y su amigo le comían las tetas, el culo, el coño, la enculaban, (se metiera un dedo en el ano) y que le clavaban hasta el fondo del coño aquellas jóvenes pollas, hizo que las piernas le quedaran sin fuerzas y que con los ojos cerrados, cayese sentada en el suelo, diciendo: -¡Qué polvazo! Desde ese día Liboria pasó de las dos pajas semanales a la paja diaria pensando en las pollas de su hijo y de Fidel profanando todos sus agujeros. Que su hijo fuera maricón no la preocupaba, y debía, porque hace más de cuarenta años a los maricones, en los pueblos gallegos los apedreaban, pero como a ella le iba la carne y el pescado... Tres semanas más tarde, y en un día muy frío de invierno, al calor a la cocina de hierro, estando madre y hijo sentados en dos sillas, pelando castañas y con el aire impregnado en el olor a roble quemado, Liboria, que ya se moría con las ganas de follar, le entró a su hijo con sutileza. -Ya tienes edad para saber ciertas cosas de la vida, y como no tienes un padre con quien hablar. Debo hablar yo contigo. ¿Qué sabes de las mujeres? -Poco. -¿Y de relaciones con hombres? Gustavo, mintió. -Nada de nada. -No me mientas. ¿Cuantas veces lo hiciste con Fidel? Gustavo, al verse pillado, le preguntó: -¡¿Quién te habló de nuestra relación?! Ahora la que mintió fue Liboria. -Se dice el pecado, no el pecador. ¿Eres marica, hijo? -Me van los hombres y las mujeres… -¿Lo hiciste con alguna ...