1. Obsesionado por mi rabo.


    Fecha: 27/09/2020, Categorías: Gays Autor: Pedrope, Fuente: SexoSinTabues

    ... ardiente y pasional como siempre he sido. Un pajote no me vendría mal. Me calmaría las ganas, vaciaría mis pelotas y sobretodo me calmaría un poco los nervios. Y decidí jalármela, como dicen en México, ahí mismo, tendido en la cama, con los pantalones desabrochados, aún a la altura de mi cintura, bien espatarrado. La calentura no permitía nada más, ni quitarme los pantalones siquiera. En esas estaba, sumergido en mi particular onanismo, con los ojos cerrados, cuando me doy cuenta de que algo ha cambiado. Una mano, que no es la mía, está también acariciándome el rabo. A veces esas manos se topan con las mías, pero eso no evita que abarquen mi sexo y se acoplen al ritmo de mi masturbación. De pronto los ojos y alucinado compruebo que es mi hijo quien me está agarrando la polla, ayudándome en privada tarea masturbatoria. ¡Dios Mío! ¡Mi hijo ha entrado no sé cómo en la habitación! Bueno, si sé cómo: con su llave. ¡Pero ni me he percatado de ello, absorto, abandonado a mi propio placer! Mi primera y única reacción es poner fin a ese momento, y apoyando mis manos sobre la cama, doy un bote e intento ponerme en pie, pero el peso del cuerpo de Álvaro cae sobre mi, y asentando su brazo sobre mi estómago, se reclina sobre mi dura masculinidad y vuelve a agarrarla, para mejor asegurársela y procede a comerme la polla con lascivia y muchas ganas. -¡P…p…pero hijo! –exclamo alucinado- ¿Qué me estás haciendo! Cuando termino de pronunciar esas palabras siento que se está tragando mi rabo ...
    ... hasta la base de mis huevos. Se me escapa un largo gemido y por alguna razón que nunca entenderé, siento que aquello me gusta, que me da un morbo tremendo, y que empiezo a disfrutar de la situación, como un loco. Ya no ofrezco resistencia. Mi hijo sigue con su trabajo oral, masturbándome, mientras me llena de aquel extraño placer paterno-filial. Me relajo. Mi pene, duro como el fierro, es ahora su juguete particular. Lame su cabeza, la saborea y a veces su lengua se restriega ahí, a donde a los hombres nos gusta. Grito de placer porque nadie, ni mi mujer a la que tanto amo, me ha dado tanto placer en una mamada. Es alucinante. Me dejo hacer, sumiso, aunque mis manos sujetan la cabeza de mi hijo y le guían en su tarea, para que no se distraiga de su cometido. Las chupadas continúan y el tronco de polla parece temblar en su boca cuando se lo traga. A mis 41 años es la primera vez que un hombre se traga mi polla, y ese hombre es mi propio hijo. Sólo de pensarlo mi cuerpo se convulsiona. Siento que me van a estallar los cojones. -¡Ah hijo mío! –me oigo exclamar entre gemidos La morbosidad de aquella situación se apodera de mi, y de repente, y sin avisar me corro. Un estallido de lefa brota de la punta de mi polla, aún en la boca de Alberto. Me corro en su boca, gritando de placer. En un momento, entornando los ojos, sintiendo como el delirio me inunda, veo cómo hijo expulsa mi semen, que se derrama por la comisura de sus labios y va resbalando por su cuello. Algunas gotas caen sobre ...