1. Amiga madura


    Fecha: 08/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: PEPE0688, Fuente: CuentoRelatos

    ... llegué a su húmeda cueva, moví la pequeña tela que cubría su vagina y vi su depilado y rosado sexo, que me invitaba. Mi lengua actuó por sí sola, lamiendo, succionando. Ella comenzó a apretar mi cabeza, se mordía los labios y entre dientes me repetía que no iba a gritar, pero sus gemidos eran música para mis oídos. Levanto sus hermosas nalgas y se quitó totalmente el hilo, se paró de la cama y ella me desvisto totalmente, besándome todo el cuerpo para llegar nuevamente a mi pene, pero ahora al recostarme ella se subió encima, en un 69 espectacular. Ella sentía tanto placer que puso su vagina en mi cara y se sentó ahí.
    
    Se incorporó y empezó a cabalgarme de manera que podría ver sus riquísimos senos morderlos y lamerlos, estaba en el cielo.
    
    Ella: que rico, mi niño.
    
    Yo: que rica eres tú, eres una ricura.
    
    Ella: tú a mí, me encanta como te mueves, oh...
    
    Yo: tú eres una calienta huevos, me tenías excitado desde que te vi llegar.
    
    Ella: sí, te he visto como me miras el culo cuando estoy trabajando.
    
    Yo: me encanta que te pongas así, tan sexy; me encantan tus piernas, tu trasero, tus senos; me vuelves loco.
    
    Ella: ...
    ... que rico está tu pene.
    
    Yo: quiero ponerte en perrito.
    
    Ella: ya te estabas demorado.
    
    cuando comencé a darle de perrito, ella empezó a gritar, pero más que gritos, eran aullidos... uh uh uh ohhhhh. Se corrió riquísimo y con esa escena viendo su culazo blanco amasado y gritando no pude contenerme y ella me dijo:
    
    Ella: dámelo papi, que yo siempre me cuido, dámelo, lléname, quiero tu leche dentro de mí, confía en mí.
    
    Yo ya estaba dándole, así que no iba a salir de ninguna manera. Le llené su cueva y terminamos abrazados de costado, ella restregándome su culazo blanco contra mi pene ya perdiendo su fuerza.
    
    Ella: me encantó, mi niño, eres una ricura.
    
    Yo: tu más, mi reina, sí que sabes cómo calentar a un hombre.
    
    Ella: quiero repetirlo otro día.
    
    Yo: ¿y porque no hoy mismo? (mientras le besaba los senos)
    
    Ella: eres incansable, ohh, ohh, qué rico.
    
    Yo: Quiero hacerte mía cada vez que pueda.
    
    Ella: soy tu esclava; cuando quieras voy a ser tuya.
    
    Volvimos a hacer el amor hasta tarde. Desde ese día coincidimos siempre que podemos, aunque tenemos parejas estables, siempre nos entendemos de maravilla en la cama. 
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