1. Vacaciones (semana santa)...


    Fecha: 23/10/2020, Categorías: Gays Autor: renovatio111, Fuente: xHamster

    ... ropa y se lanzó a la calle a buscarle.La casa estaba desierta, de eso estaba seguro, ningún movimiento que delatara la presencia de su dueño. De repente sintió que debía entrar, respirar el mismo aire que el marinero, tocar las mismas cosas que sus manos habían tocado, acostarse en la cama donde él recreaba sus sueños.La ventana de la cocina estaba abierta, se aseguró que nadie presenciaba como violaba la entrada un salto más y estaría dentro. La casa permanecía muda, respiró a fondo recogiendo junto con el aire esa seguridad protectora que emanaba. Presintió la fuerza del hombre en cada uno de sus rincones. Pasaron los minutos mientras fotografiaba los enseres cotidianos que formaban parte de su vida, la lamparilla de queroseno, el sillón desvencijado, la radio antigua. Paseó por cada una de las pocas piezas que componían el acogedor hogar del marinero. Los platos por fregar del almuerzo, el reconfortante goteo del grifo antiguo del fregadero, el hogar de leña que le proporcionaba calor en las noches de invierno, la fotografía enmarcada de una mujer sobre una mesilla.Entró en el baño, sintió una especie de pudor contenido al revisar sus efectos personales, el pequeño espejo en el que se afeitaba, la brocha y el jabón con su olor puro. Sin darse cuenta se encontró enjabonándose su cara imberbe y afeitándose las mejillas con la misma hoja que acariciaba el rostro del hombre, sintiendo el escozor del agua de colonia en su rostro, limpiándose con la toalla húmeda que aún ...
    ... guardaba el olor de su cuerpo. Se volvió hacia el retrete, la tapa abierta, el orín aguardando a ser evacuado, algunos pelos rizados de su pubis sobre la tapa en la que amarilleaban gotas de orina.Aquello no estaba bien, lo sabía, estaba nervioso, con miedo pero una fuerza mayor le impedía saltar por la ventana y volver a su mundo, una fuerza en forma de erección incontrolada que se magnificó al entrar en el dormitorio.La cama revuelta le recordó el episodio de la tarde anterior, las botas de agua alineadas junto al armario que abrió para aspirar los aromas de masculinidad que se desprendían de las cuatro camisas colgadas, de los pantalones ausentes de la carne que los enfundaban, del abrigo negro gastado que olía a tabaco y salitre.Se volvió hacia la cama presidida por un crucifijo de madera sobre las paredes blancas sin más adornos, casi monacal. Se sentó complacido al escuchar la queja del somier, y se dejó caer sobre la almohada, aspirando el olor a macho que desprendía. Sin pensarlo dos veces se desnudó y se acurrucó contra las sábanas, acomodado en el hueco que el peso masculino había marcado noche tras noche. Se introdujo entre ellas, oliendo, aspirando como un perro en busca del rastro que le devolviera la presencia de su amo. Encontró las manchas amarillentas que endurecían el lienzo, las tocó con la yema de los dedos, con los labios, embebido por el aroma que desprendían.Bajó como un fantasma hasta los pies de la cama, el mundo se había tornado blanco, el blanco de las ...
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