1. Historia de la Frontera 3: Silvia


    Fecha: 10/11/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tonyzena67, Fuente: CuentoRelatos

    Dos semanas después de haberme cogido a la novia de mi primo y que he relatado en un escrito de título: Historias de la frontera 1: Lorena. Mi primo me vuelve a llamar para que en esta ocasión ayude a su vecina y quien tiene a su hija en la fronteriza ciudad de Tijuana. Ya había conocido a la Sra. Blanca, una mujer de unos 45 años, muy elegante y muy servicial, que no pude negarme en asistirla, pues solamente se trataba de ir a dejarle ropa a su hija y comprarle unos zapatos, pues en la plática la señora hablaba que su hija no tenía los zapatos adecuados para cruzar caminando la frontera. Me da $1000.00 para gastos y me enfatiza que, si puedo comprarle comida, quizá un pastel, pues el siguiente día es el cumpleaños de Silvia.
    
    Me fui el siguiente día viernes muy temprano en la madrugada, y ya para las ocho de la mañana estaba desayunando en la pintoresca ciudad de Tijuana. Pregunto a los locales por asistencia para localizar el hotel y me dicen que se encuentra por el famoso bulevar Revolución. Voy y veo el hotel de una facha no muy acogedora y subo por las escaleras sin percatarme en nada del peligro que uno corre en estos tratos, especialmente cuando uno tiene la edad de 18 años, sin nada de experiencia del conocimiento de estas mafias de contrabando.
    
    Llegué al número de habitación, toqué, y me responde un tipo que por su fachada parecía que no había dormitado por un mes y con un olor resegado de etílico me pregunta: ¿tu vienes por la morra de los zapatos? -le he ...
    ... respondido que sí, y me lleva a otra habitación donde hay una veintena de gentes compartiendo una reducida área del hotel. El identifica a la muchacha y yo verifico que es ella, pues la Sra. Blanca me ha dado una fotografía tamaño pasaporte, de esas en blanco y negro. Sin ningún protocolo de presentación, Silvia me sigue y aquel hombre oigo que dice algo, pero en realidad yo no le pongo mucha atención, pues realmente quería salir de ahí. Nos vamos y apenas entiendo que dice que regresemos pronto.
    
    Silvia también parece cansada y es en el coche, un Mustang convertible del año 65, donde comenzamos a platicar. Me presento con ella, le digo que conozco a su madre, que ella me ha pedido que le compre zapatos y algunas otras cosas que necesite. Silvia a pesar de su rostro cansado y pasando días con mucha incertidumbre en aquella travesía parecía ser una chica muy guapa. En aquellos años tenía 19; lucía una cabellera corta ondulada, piel de tez clara y ojos redondos y oscuros, era de sonrisa tímida y al principio también tímida en hablar. Me dijo que tenía hambre y es lo primero que fuimos a hacer, comer algo liviano. En lo poco que habíamos hablado me di cuenta que no la había pasado del todo bien, que incluso tomar una ducha era muy incómodo cuando se encontraban 20 personas de los dos géneros compartiendo una habitación de hotel. Comió algo en el coche, pues no quería exponerla al ambiente en las ropas que vestía en aquel momento, y aunque yo le llevaba ropa que su madre le enviaba, ...
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