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Doña Maria
Fecha: 17/12/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
La doña, como la llamaba Dolores, la muchacha del servicio, en realidad era una mujer de unos 34 años, viuda hacia dos…. Una mujer de iglesia y pendiente del que dirán, la cual hacía difícil que se le acercara algún hombre con intenciones no dignas o siquiera dignas de ella. Desde la muerte de su esposo su cuerpo no había probado de nuevo otro contacto físico que el de ella misma, cuando en noches como estas las carnes de su hermoso cuerpo le pedían temblorosas que las acariciaran. Sus partes más íntimas solían rebelarse y no dejarla dormir por horas, a pesar de que muchas veces trataba de aplacar esos deseos ella misma acariciando, sobando sus senos, su clítoris, sus paradas y blancas nalgas que la excitaban tremendamente cuando se veía en el espejo. Las nalgas de una mujer eran una de las partes que ella más admiraba si eran iguales o más generosas que las de ella misma. Eran como una fijación y muchas veces se masturbaba pensando que acariciaba alguna de las nalgas de las mujeres del pueblo con las que iba a la iglesia o aquellas pocas con las que cruzaba visitas como Margarita su vecina más cercana o Joaquina, la hija del dueño de la panadería. Escuchó entonces un sonido de agua escurriendo en el patio de la casa. Se extraño de que a esas horas de la media noche pudiera haber alguna actividad en el patio, pues la única otra persona en la casa era Dolores, la nueva muchacha que le habían mandado del campo ...
... para el servicio, mientras su tía, Milagros del Pilar, se reponía de los achaques que su edad le producía en su pierna. Extrañada, salió de la habitación y se acercó a la ventana trasera de la cocina, la abrió solo un poquito para poder mirar y se sorprendió al ver a Dolores, completamente desnuda, echándose agua con la manguera de regar el césped. Iba a abrir la puerta para decirle algo pero visualizó las tremendas nalgas de la muchacha, de color canela, como brillaban a la luz de la luna y el contraste del agua con su cuerpo. Estaba fascinada mirando esta belleza, eran unas nalgas como a ella le gustaban, sólo que no las había imaginado de este color, pero eran imponentes, paradas, llenas, firmes y sobresalían con una gran curvatura del resto del cuerpo. La muchacha se movió en ese momento y mostró una panorámica de sus senos que eran tan imponentes como sus nalgas. En ese momento Dolores comenzó a sobar sus senos con las dos manos, tomaba uno en cada mano y acariciaba sus pezones, los cuales se mostraban duros e hinchados. Dolores mostraba los ojos cerrados con una expresión de placer y gusto que produjo una sofocación en Doña maría, la cual sin pensarlo, comenzó también a acariciar sus senos, al mismo ritmo que Dolores. Oía como los quejidos de Dolores salían de su boca, cada vez más constantes y sofocados. Entonces la muchacha se detuvo, tomo una toalla que había sobre una silla y comenzó a secar su ...