1. Carolina, una de esas chicas que nunca olvidas


    Fecha: 24/01/2021, Categorías: Incesto Autor: Error 4x04, Fuente: CuentoRelatos

    ... nuestros cuerpos como desesperados, pero faltaba el paso decisivo, que no tardó en llegar, al mirar ella sobre un mueble vio un frasco de vaselina, que en mis ratos de soledad uso para masturbarme mientras veo algún video porno.
    
    Ella me preguntó para qué lo uso y le dije: "lo uso para limpiar los vidrios de la ventana, aunque también se usa para hacer masajes, te gustaría que te hiciera uno?". - Sí, aceptó ella, así que según mis indicaciones se tendió en la cama sumisamente y se subió su top, sin titubear le desabroché el sujetador y contemplé su hermosa espalda, pálida y firme, con un rotundo surco que la cruzaba. "Allá voy, sólo relájate" dije y me lancé a la sabrosa empresa, unté su espalda con abundante líquido y comencé a acariciar su piel, mis manos estaban calientes como su cuerpo, luego comencé a ampliar mi radio de acción y le propuse que se bajara los jeans, también aceptó, se los desabrochó y se los bajó dejando a mi ávida mirada sus lindos calzoncitos, negros y muy pequeños, que no cubrían nada, se los bajé casi sin que se diera cuenta, no sé si ella sabía o no lo que estábamos haciendo pero a ella parecía gustarle porque nunca oponía resistencia, siendo así le bajé sus calzoncitos y quedó ante mi vista una de las imágenes que más me ha costado olvidar en toda mi vida... ¡porque tenía un culo divino!!!
    
    Intencionalmente vacié gran parte del frasco en el centro de su rajita y metí mi mano caliente entre medio de esos divinos montes, masajeando de arriba a ...
    ... abajo, presionando cada vez más mi dedo central, acariciando a veces su apretado botón del culo y a veces sus pequeños labios externos, yo estaba en la gloria y ella se quejaba pero de gusto, y cuando la vi que rugía de placer como una gata en celo decidí darme el gran salto y sin dejar mi grato trabajo de masajear su rajita, me despojé como pude de mi ropa, fue un gran esfuerzo, sobre todo sacarme las botas, cuando finalmente lo hice y quedé desnudo junto a ella, me monté a horcajadas sobre sus caderas y le subí la polerita, ella no dijo nada, es más colaboró sacándose sus zapatitos y sus jeans, yo mismo me encargué de bajarle las bragas.
    
    Finalmente estaba montado sobre ella, y continuaba con mis masajes, en su espalda, sus hombros, su breve cintura y su tentador trasero, y como quien no quiere, comencé a acariciar sus glúteos con mi verga, que ya se hallaba como hierro candente, ella seguía relajada con su carita reposando en mi almohada, lánguida y abandonada a mis seductores manoseos. Luego el paso final, sin esperar su aprobación decidí introducir mi ansiosa verga entre sus labios ya excesivamente lubricados. No fue difícil ya que hacía rato que su entrada estaba dilatada, lo único que oí de ella fue un suspiro largo y aliviado, como cuando se sienta uno en un mullido sofá. Y me di a la tarea de empujar rítmica pero suavemente, como bailando una danza suave, pronto ella misma me seguía el ritmo, ella movía las caderas cadenciosamente, el masaje había quedado atrás, ya ...
«1234...»