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Nadia, mi encule persa 2
Fecha: 31/01/2021, Categorías: Incesto Autor: Tonyzena67, Fuente: CuentoRelatos
Mi compañero del dormitorio en la universidad es un amigable y bromista chico africano de nombre Hady. El sale a abrir la puerta, pues yo estoy calentando una de esas sopas de lata en el horno de micro-ondas. La hace esperar en la puerta y regresa en busca de mi con unos ojos de admiración y de sorpresa: Hermano, allá afuera lo busca una preciosa hermana mexicana con el más impresionante culo que he visto en mi vida. -Le he visto seriamente a los ojos y él sabe que su comentario no es de mi agrado. Veo a Nadia con ese lindo rostro de muñeca, pero en sus ojos veo un triste brillo de incertidumbre. Pregunta si podemos hablar y he dejado mi sopa atrás y salimos caminando silenciosamente por el pasillo principal del edificio. Realmente no ha llegado para que hablemos, ha llegado a comunicarme definitivamente que los nuestro no podría continuar. Quise interrumpirla algunas veces, pero su mensaje punzante, tranquilo y sereno, tenía ese timbre de aquel que practica un guion de una película: —No podemos continuar, lo que paso no se puede repetir. Me he fallado a mí y a mi familia, lo admito… ha sido mi culpa. Por favor, no lo hagamos más difícil, por favor no me lo hagas tan difícil… no me llames. La vi alejarse y desaparecer entre los edificios de los dormitorios de la universidad y quizá he dibujado un rostro funesto que mi compañero de dormitorio Hady, le ha servido para hacerme la inspiración de sus burlas: ¿Cómo que ese culo mexicano le tiene hipnotizado? Mire, a mí me ...
... parece muy grande para usted, mejor quiébrele el culo a Gaby, que es de su medida y que a cada rato se lo pasa ofreciendo. – Eran sus burlescos comentarios. Nadia, por su tez morena clara, cabello y ojos oscuros, mucha gente siempre pensó que era hispana, pero por estos lugares del mundo, todo aquel que habla español, debe de ser mexicano, sin importar si venimos de países centro o sur americanos. En cambio, Gaby, quien era argentina, por sus facciones del mundo caucásico, mi amigo Hady pensaba que era norteamericana. Por aquellos días me sentí solitario, aunque alrededor mío habían más de 30 mil estudiantes que compartíamos aquel espacio universitario. Esa sensación de un vacío en el estómago se mantuvo por muchos días y se agudizaba cuando en algunas ocasiones divisaba a Chuck, caminar a la par de la muchacha persa de la que me había enamorado y por primera vez sentí ese martilleo de los celos. Por alguna razón mantuve la esperanza que antes de que llegaran las vacaciones de invierno, previo a navidad y fin de año, llegaríamos a reconciliarnos, pero no sucedió así, por semanas no supe de ella. Vivíamos en la misma ciudad del sur de California, y por aquellos días recorrí todas las calles, quemando no sé cuántos litros de gasolina, visitando tiendas sin comprar nada, con la ilusión de tropezarme con ella. Mi madre que siendo psicóloga intuía lo que me pasaba, ya para la segunda semana de vacaciones me hizo una evaluación con una risueña mirada y dijo: ¡Ah mi hijo, a ...