1. Confesiones de un putito (final)


    Fecha: 20/03/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    No puedo describir lo que ambos señores me hacen sentir cada vez que me cogen. Sólo puedo decirles, estimados lectores, que a cambio de esos goces me siento un esclavo incondicional de ambos y que haría cualquier cosa con tal de no ser expulsado de este Paraíso del sexo en el que el señor Abel y el señor Orlando reinan omnipotentes.
    
    Esto pensaba y sentía mientras chupaba y lamía la verga del señor Abel y me deleitaba con los embates de la del señor Orlando en mi culo.
    
    Yo estaba en éxtasis cuando ambos acabaron con diferencia de pocos segundos y me inundaron de leche. Tragué la de mi boca hasta no dejar allí ni una sola gota y fue delicioso sentir en lo profundo de mi trasero el calorcito de ese otro semen.
    
    Me derrumbé boca abajo en la cama, con ellos echados también, jadeando, y les pedí permiso para ir al baño a masturbarme.
    
    -Andá, putita… andá… te lo ganaste… -murmuró el señor Abel entre jadeos.
    
    Corrí al baño, me senté en el inodoro de cara a la pared y caliente como estaba no tarde en alcanzar un orgasmo resuelto en cuatro espesos chorros de semen. Yo seguía sediento, de modo que hice que esa lechita fuera a dar en la palma de mi mano izquierda y me la bebí toda, absolutamente toda con lamidas rápidas y enfebrecidas. ¡Qué placer delicioso siento al beber mi propio semen!
    
    Volví relajado al dormitorio, me tendí junto a los dos sátiros y esperé pacientemente a que recobraran fuerzas y volvieran a darme, aunque hambriento como seguía estando, en determinado ...
    ... momento decidí contribuir a esa recuperación.
    
    Entonces empecé a sobar sus vergas. Les pedí que me hicieran lugar entre ambos, me acomodé de espaldas y tomé la verga del señor Abel con mi mano derecha y la del señor Orlando con la izquierda.
    
    Debo ser bueno en eso porque ambas pijas no tardaron en volver a estar bien duras y erectas, en medio de comentarios halagadores y calientes de ambos vejetes. Y entonces volví a estar en cuatro patas, como la perrita que soy, con el señor Abel a mis espaldas, para darme por el culo, y el señor Orlando frente a mí, con su verga apuntando a mi cara. En cuanto abrí la boca me la metió y empecé a chupar con entusiasmo, deleitándome con el sabor de ese hermoso ariete cárneo. Entonces el señor Abel me penetró por el culo salvajemente, de un solo envión y la pija del señor Orlando en mi boca transformó mi grito de dolor en un gemido ahogado en tanto sentí repiquetear los huevos de mi violador contra mis nalgas, a cada embate.
    
    El dolor desapareció cuando la verga estuvo metida toda en mi culo y el placer fue inenarrable. ¡Dos vergas para mi hambre! con las manos del señor Orlando en mi nuca y las del señor Abel aferrando con fuerza mis caderas. No sé cuanto tiempo pasó hasta que sentí el semen llenando mi boca y poco después, mientras tragaba todo ese delicioso elixir, los varios chorros de leche inundándome el culo. Los tres caímos en la cama entre jadeos, gemidos y frases obscenas de mis dos cogedores, que prometían que la fiesta iba a ...
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