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La bella y la bestia
Fecha: 25/03/2021, Categorías: Control mental, Autor: sonjia, Fuente: RelatosEróticos
La bella y la bestia Se habían conocido por internet, una cita a ciegas más de las tantas que había tenido. En el momento que le vio se maldijo por su afán de citarse con desconocidos sin saber qué aspecto tendrían. Esto superaba cualquier expectativa. Se acercó a él quien al verla, esbozó una gran sonrisa de placer. Y cómo no, se dijo ella, que se había vestido sencilla pero insinuante, con ese poderoso atractivo sexual que sabía que tenía. Para él, ella era un caramelo. Para ella, él era un completo desastre. Se dijo que había que resistir aquella noche que se haría eterna, de la mejor forma posible. Se dejó llevar al restaurante que él había reservado y en la mesa empezaron a hablar de diferentes cosas. De vez en cuando, él interrumpía la conversación para decirle algún piropo, ella no sabía cómo salir de aquel atolladero. Decidieron ir a bailar un poco, a lo que ella asintió sin ningún entusiasmo. Tan solo deseaba que llegase la hora de poder despedirse y no verle jamás. Su cercanía le provocaba rechazo, todo en él le resultaba poco atractivo. Llegaron a la sala de baile y el la tomó por la cintura para bailar un ritmo de salsa. Ella se dejó llevar por el ritmo y empezó a bailar entre sus brazos. Su rodilla presionaba el muslo de aquel hombre al adelantar el cuerpo y pronto creyó notar en él una erección, que él mismo confirmó al decirle finamente que su cuerpo respondía a la atracción que ella le inspiraba y que no podía remediarlo. Ella no ...
... supo que decir, salvo cambiar la forma de bailar pero aquella notable erección seguía allí. Sin acertar a comprender por qué, empezó a sentirse excitada por la excitación del hombre. Imaginaba su pene duro y queriendo asomar de los pantalones de su barrigudo dueño. De repente deseó que aquel hombre que la horrorizaba diera algún paso para seducirla. Deseó provocarle sin que pudiese achacarse a ella tal provocación. Empezó a sentirse húmeda de pensar en que aquellas manos la pudieran agarrar de las caderas y bajar por sus muslos o, mejor aún, que palparan sus tetas por encima del fino vestido. Por fin se sentaron, ella mareada por la intensidad de lo que sentía. Cómo si él pudiese leer en su mente, se acerco y empezó a besarla. Lo último que había esperado de su acompañante fue que la besara tan bien. Suave y lento, como a ella le gustaba, succionándole el labio suavemente, introduciéndole la lengua, jugando con la suya. Toda una lección magistral de besos… Estaba tan mojada que tenía miedo que la humedad traspasará la fina tele de las bragas que llevaba manchándole el vestido. El no paraba de regalarle los oídos con comentarios sobre su figura. Tras el beso, el hombre volvía a tener una bonita erección. Sentado en el sofá con su pantalón de color claro, el gran bulto en su bragueta era un homenaje a su feminidad y una invitación a compartirla. Ella miraba su entrepierna hipnotizada, deseando acercar su mano a ella pero sin atreverse. Lo último que ...