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La bella y la bestia
Fecha: 25/03/2021, Categorías: Control mental, Autor: sonjia, Fuente: RelatosEróticos
... quería era provocarle tanto que tuviese que terminar acostándose con él. Finalmente salieron del local. El la llevaba cogida de la cintura y ella le dejaba hacer con esa mezcla de repugnancia y morbo. El aire era frio y la humedad en su entrepierna se estaba helando haciéndola consciente de la incongruencia de la situación. Llegó el momento de despedirse y el hombre la besó de nuevo en la boca lentamente, metiéndole la lengua profundamente y mordiéndole los labios mientras con una mano descendía por su cintura hacia las caderas. Entonces ella reaccionó asustada ante la idea de que él pudiese notar la humedad entre sus piernas que no cesaba. Se despidieron hasta la próxima vez y camino de su casa, ella no pensaba en otra cosa que en aquel bulto y en su repugnancia por el hombre sin poder decidir qué haría la próxima vez que se viesen. Al cabo de unos días él la llamó para verse. Ella se había pasado toda la semana intentando descifrar sus sentimientos hacia él: tal vez no era tan feo como en un principio le había parecido, pensó, para disculparse un poco por sentir ese morbo tan inapropiado, lo mejor sería que la próxima vez se dejase llevar a ver lo que ocurría. Llegó el día de su cita y esta vez se vistió para seducirle. Se puso un vestido corto ceñido y escotado, sin medias. Habían quedado que él la llevaría con su moto. Se subió a ella cogiéndose por detrás para no caerse pero en un semáforo él le cogió los brazos y se los puso alrededor de su cintura. ...
... Tenía una barriga enorme y volvió a sentir esa repugnancia. La moto aceleró y se encontró literalmente pegada a él. Con cada vaivén su cuerpo se pegaba y se despegaba, notaba como sus pechos golpeaban contra la espalda del hombre y eso la hacía ponerse cachonda pensando en la reacción de él. Una vez en el restaurante él le empezó a decir que le gustaba mucho. Que no podía evitar el deseo y que le perdonase pero estaba empalmado prácticamente todo el tiempo. Por desgracia, él seguía disgustándole profundamente. No podía evitarlo, nada de él le gustaba salvo la forma de hablarle y los besos de la vez anterior. Pero lo que sí la tenía enloquecida era esa sensación de poder, de ponerlo cachondo. Se moría de ganas de volver a bailar con él y de notar como su miembro se iba empinando con el contacto. Tras la cena, él sugirió el baile y ella dijo que sí. Esta vez se dejó abrazar más estrechamente por él y se relajó un poco permitiéndose ponerle los brazos alrededor del cuello pero manteniendo todavía una distancia de “seguridad”. No estaba nada segura de si quería tener sexo con él todavía. Bailaron una canción extremadamente caliente y lenta que puso la bragueta del hombre a tope. Casi le hacía daño al apoyarse contra ella. El le susurraba en el oído que le perdonase pero que su cuerpo iba a su aire y él no podía hacer nada por evitar aquella tremenda erección que le consumía. Ella se mantenía como una diosa en su pedestal, sin entrar en el juego, percibiéndolo y ...