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Un martes cualquiera
Fecha: 22/04/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Maria Apunto, Fuente: CuentoRelatos
... tu boca hasta mi vientre, ahí te detienes, te terminas de arrodillar, me sonríes y me levantas la pierna por encima de tu hombro, te pierdes entre mis piernas y yo me quedo pegada a la pared, con mi tacón sobre tu espalda. Noto tu respiración, noto tus labios, noto tu lengua… Te pido que no pares, te agarro del pelo, tu lengua presiona, suelta, lame, juega y yo… me deshago. Noto como no aguanto más, me agarro al mueble con el que siempre me golpeo y que hoy parece estar estratégicamente situado, el placer asciende y exploto… Al terminar subes, me sonríes, humedeces tus dedos en mi interior que todavía siente tu lengua y te relames los dedos mientras me miras diciendo: - No me des las gracias, el placer ha sido mío, y sonríes pícaramente. - Dios!! Sabes cómo deshacerme, me vuelves loca, ¿lo sabes? Sonríes, me besas. Nos ponemos algo cómodo, y nos disponemos a terminar de preparar algo de cenar, aunque ya hayamos saciado bastante nuestra hambre. Ya en el salón, cenamos en el sofá, ponemos algo la tv, aunque no la escuchamos, hablamos sobre el día y nuestras miradas lujuriosas se cruzan, sabiendo que la noche no ha acabado. El momento ha vuelto, te quito de la comisura de tus labios algo de ...
... mayonesa con mi lengua, rozo con mis dedos tu barba de tres días… - quiero follarte ahora mismo - me dices- metiendo tu mano por mi camiseta. Me subo a horcajadas sobre ti y nos besamos, apasionadamente, como si no lo hubiéramos hecho en meses. Me levanto, me quito las braguitas sutilmente y caen al suelo. Antes de que me pueda volver a colocar sobre ti, te levantas del sofá. Me coges en volandas hasta la mesa del comedor, apartamos lo que hay sobre ella, te bajas los shorts, te quito la camiseta, me quitas la mía y me pones sobre la mesa, Ahí me abro completamente y te rodeo. Te vuelves a encender, yo húmeda de nuevo y tú con la polla dura como una piedra me la metes, me sujeto a la mesa, mientras me tocas los pechos, al mismo ritmo que tu cuerpo se mueve, dentro, fuera, dentro, fuera, rápido, intenso. Gemimos, gritamos, casi al unísono. Nos miramos. Sonreímos. Te sujeto por la espalda y te clavo las uñas, aunque no creo que te importe, tu juego de pelvis y tu polla tan grande, tan dura dentro de mí, me hace estallar. Me corro gritando de placer, y a continuación lo haces tú, con ese: - Joder, ¡qué bueno!! Que nos deja el buen sabor de boca, de saber aprovechar bien un martes cualquiera.