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Arrepentidos los quiere Dios. (Capítulo 53)
Fecha: 23/04/2021, Categorías: Incesto Autor: Febarsal, Fuente: CuentoRelatos
... lugar. Le presenté al señor Ministro de Asuntos Exteriores y al señor Embajador que se encontraban estudiado la situación. Les pedí que a partir de ahora Margarita sería mi asesora, ya que como hija del más benefactor del País, gozaba de gran reputación, y me serviría de gran ayuda para conocer al detalle la magnitud de la tragedia. --¡Ah! ¿Pero es usted hija de don Héctor del Pozo, que en Gloria esté? Le dijo el Embajador a la vez que le besaba la mano que Marga le ofrecía. --Sí, señor Embajador. --¡Gran tipo su padre... Gran tipo..! --¿Le conocía usted mucho? --Mucho no, pero cuando estaba de agregado comercial en la Embajada, tuvimos varias reuniones de negocios. ¡Gran tipo su padre... sí... gran tipo..! Era un placer hacer negocios con él. --Manolita, me preguntó el embajador. ¿No te importa que la señora comparta tu habitación? Está la embajada a tope, y hemos tenido que habilitar despachos para cubrir necesidades obvias. Ni el Ministro ni el Embajador tenían ni remota idea de "lo nuestro",por lo que esa propuesta era la que esperaba, pero no debía ser yo la que la planteara. Hasta las tantas de la madrugada estuvimos en el improvisado hospital de campaña, limpiando y curando heridas. Veía a Marga hacer esfuerzos para no devolver ante tanta suciedad que portaban los heridos que llegaban continuamente. Yo estaba acostumbrada a tragarme la porquería de muchos durante la época de mujer de la limpieza en el burdel de doña Patrocinio. Por ...
... eso me encargué de acondicionarlos de la forma más decente que los medios me permitían. Cosa que ella me lo agradecía con unas miradas llenas de amor. Llegamos a la Embajada sobre las tres de la madrugada. Teníamos que alumbrarnos con velas, ya que la instalación eléctrica había quedado dañada, y los generadores no funcionaban por falta de combustible. ¡Menos mal, que el clima de La Isla era cálido! Una sola vela iluminaba la estancia de unos veinte metros cuadrados y un pequeño baño anexo a la misma. No pude evitar evocar nuestra primera noche de amor en Río de Janeiro. Nos desnudamos en silencio, pero seguro que las dos pensando en lo mismo. Sin embargo no era lujuria ni pasión desenfrenada lo que sentía; por lo que quedé sorprendida de mi misma. Lo que me apetecía era tenerla entre mis brazos, aspirar de su aliento y besarla en la frente. Brotó en mi un amor maternal, no de amante; por lo que entendí, que mi cariño, estaba muy por encima del sexo puro y duro. Nos acostamos de lado, una frente a la otra; nuestros pechos y vientres se fundieron en uno solo; nos abrazamos, y le besé en la frente. --Mi niña... No sabes cuántas veces me he acordado de ti... Le decía a la vez que le acariciaba los cabellos. --Y yo de ti Manolita, ¡Cuántas veces hice el amor con mi marido pensando en ti! No quería pensar que esta terrible tragedia nos había vuelto a juntar. ¡No por Dios! No puedes ser tan cruel. Pero la realidad, es que, Marga y yo, estábamos viviendo la ...