1. Atados por el dependiente del sexshop


    Fecha: 08/05/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: parejaatada, Fuente: SexoSinTabues

    ... cuando me vi a la ducha, para una ducha rápida de diez minutos. Volví a la habitación ya desnudo, y sobre la cama vi centenares de metros de cuerdas, bien ordenadas. Sin comentarios ni explicaciones, puso mis brazos a la espalda y comenzó a atarme de tal manera que las cuerdas se hundían en mi cuerpo, fuertes, con los brazos pegados al cuerpo pero como si me estuviera abrazando a mí mismo por detrás, sin poder despegarlas de la espalda porque me rodeaban todo el cuerpo y me ataban con dureza. Cuando acabó con el último nudo no podía mover lo más mínimo los brazos, y mi polla delató mi estado de ánimos, poniéndose dura. ¡Muy dura!. ¡Lo que no sé es cómo se lo explicaré! – dije entre risas también para relajar la situación - ¡eso no lo he pensado!. Me respondió que tenía rato para pensarlo. Sin descanso y sin perder tiempo, me puso las piernas juntas, y me las ató por mil sitios. Tenía cuerdas en los tobillos, en las rodillas, en los gemelos y hasta en los muslos, enrrollándolas juntas las piernas, por todo el exterior y después por el interior, de tal manera que en el último nudo yo no podía soltarme solo, totalmente inmovilizado y a merced de quien llegara, que era mi novia. Mi idea era que ella viera que estaba sometido y dispuesto a toda su perversión, y que esto se iba a convertir en una nueva experiencia sexual excitante. Acabado su trabajo con las cuerdas, en seguida me colocó la mordaza con la bola roja en mi boca y la abrochó desde atrás, tan fuerte que no la podía ...
    ... sacar de mi boca. Amordazado, cubrió la mordaza con un hood, completo, de cuero todo cerrado menos un agujero por el que sobresalía la nariz para respirar, y que se cerraba detrás de la cabeza con una especie de cordel, como si fueran unas botas. "Falta atarte a algún sitio que no puedas moverte". En el centro de la habitación había saliendo del techo alto dos aros fijos, fijado por una barra de hierro al techo. Lo había colocado un albañil, está perfecto, completamente seguro, como si fuera una viga del edificio, y lo hicimos pensando en nuestros juegos de bondage. A él le gustó, y haciéndome andar a pasos muy cortos como un pingüino me situó debajo del aro. Sentí las cuerdas por detrás de mi espalda, por algún sitio más, pasarlas por dentro del aro, y tirar fuerte hacia arriba, lo suficiente para conseguir haceme estar todo el rato recto y erguido, sin poder moverme del centro de la habitación. Apenas un par de minutos, mientras él me preguntaba si estaba bien y si me gustaba, y yo le decía que ffffffiiiiiii uuuuffffffffo, sonó el teléfono. Como no contesté, segundos después volvió a sonar, el cual por supuesto tampoco pude contestar. Unos minutos después sonó por tercera vez, pero esta vez era un mensaje. Tuvo el dependiente el detalle de leérmelo: “Cariño, salgo tarde. Llegaré a las 17. 30h. Ven a buscarme a la estación. Besos”. ¡Cuando me leyó el mensaje, pensé que menos mal que todavía estaba el dependiente, porque si no me iba a pasar una hora más todo solo, atado, ...
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