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Noche de pasión en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta
Fecha: 17/06/2021, Categorías: Gays Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... corazón, que en verdad, ambas son sus nietas. Benditas normas. —Dom Alfredo… Dom Alfredo. ¿me está escuchando? —¿Cómo?... Perdón Marta, estaba distraído pensado. Dígame ¿qué desea? —Dona Amália me ha dicho que mañana usted ya no comerá con nosotros. Que esta noche será su última comida en la quinta. He pensado en matar un pato y hacer “arroz de pato” en su honor, ¿Le gusta? —¿Seco o grasiento? —Muuuy grasiento – Me dice entrecerrando los ojos y componiendo una cara lujuriosa. —Mmmm, me va usted a acabar con la salud, Marta. —¿Prefiere que le prepare “arroz malandro”? —¿De pato? Nunca lo he comido. Siempre me lo han servido de gallina o de conejo. —Es una receta mía. ¿Le apetece probarla? —Por supuesto Marta, será un placer. Marta es la típica cocinera rural, que cree que su deber primigenio es cebar a sus comensales. La que viendo sentado a la mesa a un tipo que pesa 140 kg. en canal, mientras le atiborra el plato, le espeta: “Tengo la impresión de que has adelgazado mucho últimamente”. Y sigue a rajatabla los dos primeros mandamientos de las Tablas de la Ley de la cocinera: “Esta es mi cocina, y aquí mando yo” y “En esta casa se come lo que yo ponga en la mesa”. Desde que el lunes le pedí que me preparase la carne de cerdo a la alentejana, juega en mi equipo. Le ha importado menos y nada, que esté todo el elenco familiar en la casa. Ha venido a preguntarme a mí que es lo que yo quiero para cenar. A los demás les toca hacer de comparsas en ...
... la mesa. En una semana me he hecho el niño mimado de las mujeres de esta casa. Joder… y me gusta. Mientras Marta vuelve a la cocina llega Amália a mi encuentro, ataviada para pasar el día en mi compañía. Parece que vamos a asistir al rally de Montecarlo. Trae un pantalón blanco, de pinzas, largo hasta mitad de tobillo, donde tiene un puño que cierra con cuatro botones, ciñéndose a la pierna. Una blusa color púrpura, sin mangas, muy floja y abrochada hasta un botón antes del cuello. En la cabeza una pañoleta que se ha anudado dando una vuelta con las puntas alrededor del cuello, formando una suerte de capucha y calza unas manoletinas color azul marino. Para completar el conjunto, trae unas gafas de sol con montura “ojos de gato”, al estilo de los años cincuenta. —¿Salimos ya? Alfredo. —Voy a por las llaves de mi coche, y partimos. —¿No te gustaría ir hoy con el mío? —¿Podré conducirlo un rato? —Todo el rato que quieras. Así yo tendré las manos libres – me dice con una sonrisa torva. —Miedo me das. Jajaja. Al dirigirnos a coger el coche, se cruza por delante de mí una pelota de goma, y detrás, como un relámpago, aparece un cruce entre rata y canguro. Un cachorro de perro, hijo de mil padres, que tiene un vago parecido con un terrier. Al mismo tiempo escuchamos un potente silbido, tipo pastor y una voz que grita: —Bolachaaa, Bolachaaa (Galleta) – Paulinha (¿Cómo no?) aparece corriendo tras el perrillo y al verme me saluda —Vov… Dom Alfredo, buenos ...